EL HONOR DEL PATRÓN

A los juzgados  acude gente de lo más variopinta  a pleitear por su honor que es un valor inmaterial del que nunca se habían acordado hasta que un día descubrieron que los jueces lo habían cuantificado en euros, y desde entonces cualquier zampabollos se siente herido en una zona de su alma, cuya existencia desconocía, y reclama una indemnización.

Para muchos el honor se ha convertido en un concepto mercantil y si das una patada en un sembrado o una voz en una avenida peatonal surgen ofendidos al por mayor que dicen ser representantes del personaje del que te has acordado,  porque te acompañaba alguna razón para hacerlo.  España, que en la actualidad tiene una tasa de paro del 16  por ciento  y a demasiada gente entre la angustia y la desesperación,  cuenta con miles de personas ocupadas en defender el honor de los Prizzi, porque al final unos y otros pertenecen al mismo sindicato.

En estos pagos ser honorable significaba algo decente,  hasta que esa etiqueta se les  atribuyó por defecto a los presidentes de la Generalitat de Cataluña,   y salvo Joseph Tarradellas y  algún que  otro presidente no nacionalista, nadie más mereció ese título,  porque entre asesinos, ladrones, xenófobos  y golpistas   pocos inquilinos del Palau se libraron de ese estigma delincuencial.

Entre unos y otros han conseguido devaluar el concepto del  honor hasta el extremo de que, como  le dijo Don Luis Mejías  a Don Juan Tenorio  “imposible la hais dejado para vos y para mí” , porque es algo más importarte que el mosqueo de quienes se sienten ofendidos cuando reciben una ración de la misma medicina que ellos distribuyen contra los demás.

Resulta admirable la fidelidad a una causa y la defensa del honor de los líderes que la representan,  aunque yo creo que el mérito no hay que atribuírselo solamente a los más entusiastas de la secta sino a la capacidad de aducción  que desarrollan los nuevos profetas de la nada.

No creo que exista en ninguna democracia como la nuestra un movimiento comparable  con el que describo, porque tiene visos de ser totalmente espontáneo  y por lo tanto es más preocupante…para los abducidos, que siendo inteligentes – no todos porque algunos dejan mucho que desear – sorprenden cuando se alejan de su natural discernimiento y mezclan sus mentes privilegiadas con el burdo discurso de la consigna y la propaganda

Han leído a Calderón, saben  quién fue Pedro Crespo pero les puede más la fuerza de la corriente que la añoranza de cuando fueron libres.

Se trata de salvar el honor del patrón y ante esa coyuntura son como los legionarios de Millán Astray  cuyo principal mandamiento era:  «Al oir el grito de ¡A  mí la Legión”, sea donde sea, acudirán todos, y con razón o sin ella defenderán al legionario que pide auxilio”

Aunque no lo saben… son unos fachas.

Diego Armario