EL HUMO Y LA BASURA

Barcelona se barría como de una Nochevieja salvaje de niñatos o reclutas, esas noches de meados en los vasos, vomitonas a la luna, suturas en cabezas de melón y cacerías de carne y vidrio, y en el Canal 24 Horas aparecía la figura amazapanada de Eduard Pujol, de JuntsxCat: «Política, diálogo, y verá usted cómo vamos a salvar esta situación»

El 1-O, otra celebración de una derrota como parece ser la costumbre lúgubre y llagosa del catalanismo, nos ha enseñado que la fuerza del secesionismo, al menos el institucional, de teticas calientes como decía la jota, está ahora en amenazar al Estado con los mismos quinquis que los amenazan a ellos, cosa que parece más una llamada de socorro.

Los CDR que piden dimisiones al Govern, que son alentados por Torra desde su tribunilla de concurso de botijos («apretáis, y hacéis bien»), y que luego llaman traidor al propio Torra, eso es todo lo que tienen. «Los CDR toman la calle en Cataluña», rotulaban las noticias de Antena 3. Pero, ¿contra quién?

Porque asaltar el Parlament es como asaltar el mueble bar de tu casa (también santificado por la madera y por la incitación a la profanación). Una manera perfecta, desde luego, de terminar esa botellona de pijopunkis ya acochinados de todas las frustraciones e impotencias de la noche y de las ideologías, y que vuelven a casa a por el anís del padre.

La violencia se extiende e invagina, pero el Gobierno no la veía. El 1-O, Sánchez ni la mencionaba. A Ábalos, que es para Sánchez como El Aberroncho para José Mota, le parecía que el día transcurría «de una manera asumible». «Moncloa había dado una oportunidad», diría en las noticias Celaá, a quien ya se le ha quedado la mandíbula atada o encajada, cementada de marrones y desatinos. Eduard Pujol volvería a aparecer con Sergi Sabrià, de ERC, moviéndose como tenistas para intentar explicar sus guerras de cocina y lo de los diputados suspendidos pero rehabilitados por ese poder de Montsalvat de Puigdemont.

Sus caras, como de boda con escopeta, retrataban a este independentismo dividido y atrapado, pero aún dañino. Es lo que parece ignorar Sánchez: que mientras los indepes se tiran vallas y botiflers a la cabeza, Cataluña y España siguen sufriendo. Y él sólo mira el humo y la basura desde su triclinio.

Luis Miguel Fuentes ( El Mundo )