En un momento de su discurso, el político ha pedido que los diputados de Vox que fueran católicos practicantes levantaran la mano. “Un montón, un montón, un montón. Se vanaglorian de… a mí me parece bien, ¿eh? De hecho se reivindican como un partido tradicionalista, cercano a la Iglesia católica”, ha dicho Rufián.

 “Por lo tanto ustedes creen en serpientes que hablan, creen en palomas que embarazan, por lo tanto, ustedes creen en que las mujeres provienen de la costilla de un hombre, creen que si todos y todas nos portamos mal llegará una lluvia de fuego y nos quemará a todos y todas”, dijo. “Ustedes creen en eso, ¿y vienen ustedes aquí a dar lecciones de normalidad y de adoctrinamiento?”, preguntó.

Palabras necias e injuriosas espetadas contra Vox en particular y contra los católicos en general por el charnego y empero separatista catalán Gabriel Rufián, en el Pleno del Congreso de los Diputados que debate la toma en consideración de la Ley Trans.

«Estoy seguro de que Oriol Junqueras no se sentirá respetado», acaba de declarar monseñor Luis Argüello, secretario de la Conferencia Episcopal Española.

No se sentirá respetado (se entiende) por las palabras denigrantes de Gabriel Rufián contra los católicos, a los que acusa este individuo, bien instalado en la mamandurria que le suministra la nación a la que odia, acusa de ser no más que unos crédulos que creen en fantasías y supersticiones.

Ya, entiendo. Solo que tan cierto como la luz que me está alumbrando es que por lo que a mí respecta, lo que desde luego no me siento es atraído por la mezquina y miserable movida separatista del Oriol Junqueras, que es la misma que la del Rufián -y ambas, hijas podridas de la Ezquerra Republicana Catalana, partido golpista, asesino y genocida de  católicos donde los haya-.

De tal manera, monseñor, o hasta tal extremo, que lo increíble, desconcertante, patético, no sé ni cómo calificarlo, es que el señor Oriol Junqueras se confiese católico practicante y separatista catalán.

Para mí que son fes incompatibles, te lo aseguro*. Para empezar, el separatismo catalanista es una tremenda y alucinante mentira. Tan mentira es, tan gorda, tan infundada, tan gruesa y tan burda, que tiene menos legitimidad posible que el nacionalismo separatista canario (y ni que decir que hago esta comparación completamente lejos de cualquier asomo de connivencia con el independentismo canario).

Pero puestos, los canarios encontraríamos más razones y argumentos de peso para reivindicar independizarnos de la Metrópoli que las que encontrarían los catalanes; de modo que figúrate, monseñor, lo que me importa lo que diga o deje de decir, sienta o deje de sentir un personaje como el católico Oriol Junqueras.

Es totalmente infundado, carece de fundamentos históricos firmes o serios el nacionalismo independentista catalán. Es una destiladera de odio contra España y contra la fe católica. Es una fe infundada y egoísta, típicamente burguesa, desertizadora de la fe de la Iglesia, la fe separatista: vacía los templos, los seminarios, los noviciados…

Corrompe cuanto toca. Es una idolatría, más pronto que tarde así manifiesta.  Así lo comprendió nada menos que Guillermo Rovirosa, alma máter de la HOAC, profundamente catalán pero nada separatista, como tú bien conoces.

Hasta tal punto la cosa, monseñor Argüello, que, como asimismo tú bien conoces, en los lugares en que se instala el nacionalismo y desemboca en las versiones más radicalizadas independentistas o separatistas, ya ni la yerba crece, esto es, la fe católica se empobrece, languidece, se desertiza, agoniza y casi que muere (ya reconocido esto líneas más arriba).

Pepe López, bravo comunicador tinerfeño que, en su canal de Youtube, predica contra el globalismo, contra el laicismo corrupto y corruptor de este desgobierno socialcomunista que nos está llevando como indefectiblemente a la ruina, por amor católico, identitario y patriota al ser, a la historia y a la unidad de España llama a Oriol Junqueras cara de cochino.

Porque es que sí, reparen en su cara: la tiene como de puerquito, sí, se da un aire. Ya sé, me podrán replicar que me hago eco de un insulto, grosero insulto, y que falto al respeto debido a una persona, que además a mí ni me va ni me viene porque no me toca nada. Ya (podría ser).

Pero más insulto es que este Junqueras, católico practicante**, afirme tan pancho que él es que no se siente español, que se siente de una raza superior al resto de los españoles, y que en todo caso se sentiría más racialmente cerca de los franceses que de los españoles.

Y todo con la cara porcina que se gasta, ¡raza superior, ahí es nada! De ahí el cabreo del bueno de Pepe López, a quien ciertamente no hay que rogar mucho para que se acabe cabreando, pues sabido es que se enciende enseguida como un fósforo, que decimos en Canarias.

Mi pobre patria, aplastada por abusos del poder/ de gente infame que no conoce el pudor,/ se creen los dueños todopoderosos/ y piensan que todo les pertenece, cantaba el recientemente fallecido Franco Battiato (cursivas nuestras).

Así que pongamos la guinda a esta breve reflexión con los versos de uno de sus éxitos musicales. Total: la insaciable llamada a gozar del arte, en todas sus manifestaciones posibles, puede llevarnos a la satisfactoria ilusión de olvidar, por un momento al menos, tanto cretinismo y tanta ruindad que abundan en el ejercicio de la política partidista, por ejemplo.

Como si el arte así gozado fuese una suerte de beatus ille que nos alejara del mundanal ruida de tanta humana ambición, maldad, egoísmo, trampa y cartón, falsedad, hipocresía…

Luis Enríquez Lorenzo ( El Correo de España )

viñeta de Linda Galmor