Desde que estrenamos la democracia a finales de los años 70 del siglo pasado, los españoles nunca habíamos conocido, hasta ahora, un consenso político tan apiñado y compacto como el que hemos podido ver que se ha producido este año pasado del 2020; en efecto, nunca antes y frente a cualquier tema, problema o fenómeno nacional o internacional, natural o artificial, se había llegado a coincidir, a aceptar y a consensuar una actuación tan conjunta, tan unida y apiñada entre todo el espectro político español como la que se ha producido con el caso de la falsa pandemia del COVID-19.

Y, así, hemos podido ver, por primera vez, que todos los partidos políticos, desde la extrema izquierda a la derecha, pasando por ese disputado centro, los nacionalistas, los exterroristas, los verdes y los mediopensionistas… todos sin excepción… han aceptado, sin rechistar y sin ninguna duda ni discusión, la existencia “innegable” de la falsa pandemia y, como hermanos bajo una misma causa, se han adherido a apoyar sin fisuras las medidas orwellianas adoptadas por el gobierno stalinista que nos toca sufrir en esta legislatura; unas medidas totalmente anticonstitucionales que han violado y violan nuestros derechos individuales y colectivos más elementales y, todo ello lo han hecho, con la ausencia total de oposición por parte de los partidos que deberían ejercerla… ¡inédito, inaudito, extraordinario!…

Bueno, un poquito de aparente oposición sí que ha habido, pero sólo un poquito para contentar a sus fans, puesto que a la hora de la verdad la derechita española y la derechota, en realidad, no se han opuesto a las medidas liberticidas y absurdas que ha impuesto el gobierno stalinista, nada de eso; se han limitado a decir que ellos lo hubiesen hecho mejor… ¿mejor?¿qué quiere decir mejor?…

Se han explicado perfectamente en el parlamento y han dicho que no estaban en contra, ni mucho menos, de las medidas del gobierno: arresto domiciliario de los ciudadanos, imposición de las mascarillas, cierre de parques para los niños, clausura de la hostelería, parada general de la economía… etc, en eso, resulta que estaban perfectamente de acuerdo con el gobierno; la discrepancia estaba en que ellos, la oposición, lo hubiesen implantado antes y de manera más stalinista, más firme y contundente, vamos.

¡ Pues estamos apañados ! Con estas ideas de la derecha española para mejorar la actuación del gobierno, casi agradecemos que nos gobiernen unos comunistas necios pero que, al fin y al cabo, hayan sido un poco más indulgentes y menos agresivos.

La falsa pandemia nos está mostrando a los españoles una realidad que quizá no sabíamos hasta hoy y es que, después de todo, unos y otros, seamos de derechas o de izquierdas, del norte o del sur, nacionalistas o no, creyentes o ateos… somos bastante iguales y, por eso, todos sucumbimos ante el terror, sea éste, real o ficticio, todos estamos sometidos a la prensa, sea ésta, veraz o falsa, todos adoramos a la ciencia, sea ésta de verdad o de mentira y esté o no sometida a intereses industriales o no  y, por eso, por esa fe ciega hacia lo que se supone que es ciencia, vamos a estar sometidos a todas las alucinaciones de terror que la dictadura médico- científica- farmacéutica quiera imponernos en el futuro, porque ese poder científico-industrial es el que decide qué es y qué no es ciencia.

En el momento actual ha quedado demostrado que todos los partidos políticos se inclinan ante lo que ellos llaman la ciencia que, en realidad, debiéramos llamar los intereses de la industria, pero, ellos insisten en creer que se trata de la única ciencia válida; y esa adoración por esa falsa ciencia no sólo la practican tanto la izquierda como la derecha y no sólo ellas sino que, contra lo que cabría esperar, la mismísima religión no quiere parecer retrasada y se postra, también, ante esa cabeza de la bestia que es la dictadura científica y, por eso, no ha tenido ningún problema en cerrar templos y santuarios y en suprimir la liturgia y las fiestas y el mismísimo “papa” se acaba de dirigir a los fieles cristianos de todo el mundo mundial para que se pongan la vacuna, puesto que dice que hacerlo no sólo es un acto de higiene personal sino que es una muestra de caridad cristiana. ¡verlo para creerlo!

Es el primer “papa” de la historia que en lugar de recomendar moralidad, costumbres piadosas y oración a los fieles, les anima a vacunarse. No sabemos si este acto de auténtica propaganda comercial a favor de las multinacionales tendrá consecuencias positivas en la cuenta bancaria personal, de 24 millones de dólares, que se le ha descubierto a Bergoglio hace unos meses, no lo sabemos, pero no nos extrañaría puesto que el favor que les ha hecho a esos intereses multinacionales con su consejo publicitario “urbi et orbi” es formidable y va a repercutir muy positivamente en el gran negocio de las vacunas.

Volviendo a la política nacional y a su gran e inédito consenso queremos añadir que algunos españoles despiertos y que no nos hemos tragado la mentira de la pandemia teníamos la esperanza que la derechita española, para hacer oposición, se interesaría por la opinión de biólogos y médicos españoles que, desde el principio, son disidentes de la OMS y niegan la existencia de la falsa pandemia y lo hacen con argumentos lógicos, hechos y cifras; esperábamos que se hubiese hecho más caso al grupo de “médicos por la verdad” “maestros por la verdad” “policías y bomberos por la verdad”… pero nos hemos quedado con las ganas.

Incluso un partido como Vox que, en realidad, ha sido la verdadera oposición al gobierno durante los últimos años, ha resultado que, en este tema de la pandemia, ha decidido ser más stalinista que Stalin y se ha apuntado al liberticidio más extremo y nos anuncia o, mejor, nos advierte que si sube al poder va a poner la vacunación obligatoria caiga quien caiga y, si es preciso, con la ayuda del ejército.

Ante este panorama político está claro que las multinacionales no dejan de frotarse las manos y sonreír ante el gran negocio que le garantizan todos los partidos sin excepción alguna… pero, ¿qué va a ser de la salud de los españoles? ¿quién nos va a defender de ese experimento transgénico? ¿quién va a defender a nuestros hijos de convertirse en unos cobayas?…

¿ No hay quién nos defienda de la mentira y la sinrazón? ¿ no existe el partido político que no adore a una ciencia sospechosa de trabajar para las multinacionales? ¿debemos darnos por perdidos y entregarnos sin resistencia a esos intereses espurios?… ¡Que Dios nos ampare! Porque si no lo hace Él ya no queda nadie capaz de enfrentarse a esa dictadura médico-científica-farmacéutica.

Que triste destino este de los españoles, pues para una vez que vemos un gran consenso entre todos nuestros partidos políticos, resulta que es para arrestarnos sumariamente a todos, para ponernos un bozal, para impedir expresar nuestro sentimiento y nuestra afectividad por medio del contacto con amigos y familiares, para meternos una vacuna experimental fabricada a trancas y a barrancas y, con ello, arruinar nuestra salud y, para colmo, convertirnos en cobayas de un experimento y, como culmen del descaro, nuestros políticos en Europa han consensuado, también allí, nada menos que eximir de responsabilidad ante daños y perjuicios a las “pobres” multinacionales farmacéuticas para librarles de tener que indemnizar a los sufridos ciudadanos cuando éstos sufran los efectos secundarios que, con toda seguridad, se presentarán, como bien saben esas multinacionales… ¿qué tal?

Enrique Costa Verchel ( El Correo de España )