En invierno hace frío y nieva; unos años más que otros, cierto.
¡Ohhh, tabú! ¡¡¿Qué he dicho?!!!

La niñata Greta parece haber sido olvidada por los trampantojos del ecologismo de opereta y los apologetas de esa farsa de cartón piedra llamada “calentamiento global”. 2021 arranca con un invierno de nieve y frío y los esbirros de Greta yacen en sus madrigueras. No se les oye rebuznar.

Que con el paso del tiempo el planeta muta su piel climática como el ser humano su dermis o sus órganos vitales, es tan de cajón que no merece la pena insistir en cómo periodos de glaciación y otros de calentamiento global se sucedieron en el globo terráqueo.

Lo novedoso es que Greta, una adolescente con distorsiones psicológicas acreditadas, sea utilizada como sacerdotisa de la mentira por los grandes magnates bancarios y progres de Occidente, patrocinada por todos los grupos empresariales suecos, por entidades del IBEX español y por los políticos globalistas de izquierdas y derechas.

Que Greta Thunberg sea el epicentro de la mentira planetaria que quiere arrebatarnos el derecho a comer carne, obligarnos a pagar más impuestos ambientales y forzarnos a finiquitar nuestros vehículos diesel, representa la estulticia más siniestra con que el poder globalitario pretende sacudir a los pueblos occidentales.

Pueblos que nadan en la ñoñería sensiblera para la cual el pienso diario más eficaz son los telediarios mamarrachos que narran el salvamento de un gatito por un equipo de bomberos o a un adorable cachorro sobre un teclado.

La ola de frío y nieve más poderosa en 50 años de historia de España recuerda a nuestros mayores de España, los que ya acarician los 70 u 80 años cómo, de nuevo, se repite lo que en la historia de España y en la de cualquier país, fue normal: fenómenos de radicalismo climático consustanciales a un planeta que no se muere ni languidece sino que vive, late y se agita.

La sacerdotisa Greta podrá pontificar su basura catastrofista; que los españoles de la piel de Toro que todavía no tenemos el cerebro absorbido por el apocalipsis ecologeta estamos probando, este mes de enero, cucharadas de la especial idiosincrasia del clima variable y cambiante consustancial a nuestra Nación, tan diversa y rica en todo, también en bellas estaciones climatológicas cambiantes.

Las hordas ecomentirosas comenzaron a extender el bulo permanente antes que Greta fuera parida. Eran el agit prop de una vertiente marxista cultural, la del ecologismo circense del cual se reía la Ciencia seria y todavía no manipulada.

En los años 60 y 70 pontificaron la subida del nivel del mar que sumergiría en pocas décadas a islas enteras; en los 80 añadieron el cuento del “agujero de la capa de ozono”; en los 90 instalaron la trola del “calentamiento global” del efecto invernadero; en los 2000, y ya que muchas de estos bulos habían perdido su utilidad engañabobos y hacía frio al igual que calor, lanzaron su último anzuelo: el “cambio climático”.

Para asentar la vertiente marxista cultural eco-catastrofista y apesebrar más observatorios y aumentar el sablazo fiscal justificado en impuestos “ambientales” no sólo era necesario crear una Agenda 2030 de reseteo económico global sino también darle forma física, venderla con una pose lastimera. Y por ello pusieron a Greta Thunberg en escena.

Todos los españoles sensatos, entre ellos los madrileños que convirtieron las calles de la capital en jolgorio de esquís, batallas de bolas de nieve y trineos, clamaban o murmuraban contra la niñata sueca; contra la calamitosa desgracia de padecer, en carne viva, mentiras estruendosas que nos roban la libertad y nos acribillan los bolsillos.

El cuento del calentamiento fue lapidado por los españoles de la capital de España, bajo las batallas de nieve y la lógica permanente de nuestro instinto y sentido común.

Greta y sus esbirros podrán hacer ingeniería social cuando el mundo se entontece e infantiliza, pero el pueblo de ayer, hoy y siempre demostrará, con su espontaneidad y recias costumbres que la mentira, aunque esté subvencionada, tiene las patas muy cortas.

Greta Thunberg ya pontifica que “ no hay que luchar contra el cambio climático sino por cambiar las mentes”. Lo hace al amparo de la agencia parasitaria de gobernanza global ideológica llamada ONU.

Lo hace porque sabe que este año 2021, en muchos lugares como España, la trola del “calentamiento climático”  ya se le está despedazando. Ahora toca, como antes tantas veces se hizo, sustituirla o complementarla con otra: “no es el clima…son las mentes”.

“Las mentes”. Ojo, querido lector, a cómo nos acechan los globalistas con su dictadura global de perversión psicológica.

José Miguel Pérez ( El Correo de España )