EL JEFE DE LA CIÉNAGA

Solo hace unos días, Fredi Bentanachs, uno de los fundadores del grupo terrorista Terra Lliure llamaba a tomar el Parlamento de Cataluña el próximo día 21 para hacer efectiva la república catalana del forajido de Waterloo. A finales de los setenta, el tal Bentanachs fue instruido por ETA en el manejo de armas y explosivos y una vez «formado» se puso a la tarea del terror en Cataluña.

Gustaba entonces de fotografiarse portando fusiles y proyectiles para crearse una leyenda gráfica de guerrillero que no se corresponde con la inutilidad manifiesta como terrorista y ladrón, que el «patriota» también le daba por entonces a los atracos cual chorizo embutido en el traje de salvapatrias.

A las primeras de cambio salió corriendo, acobardadito, pero fue detenido y condenado a cuatro años de cárcel. Ahora, con 62, vuelve a la lucha «indepe» como cabecilla de los CDR y se retrata, como ese «Mocito feliz» que busca hacerse fotos con los famosos, con Quim Torra, Anna Gabriel o Pep Guardiola, ese separatismo en chándal.

La arenga para la toma del Parlament de tal Bentanachs coincide con las andanzas de los CDR ocupando por la fuerza las calles y los peajes, como matoncetes mafiosos; con las tenebrosas procesiones de antorchas y la simbología golpista en el espacio público; con el acoso amenazante a jueces y políticos constitucionalistas; con los enfrentamientos con los Mossos y, como remate, con la inauguración de la «vía eslovena» por parte de Quim Torra, esa que pasa por conseguir la independencia con muertos.

En este contexto, ayer Torra lloriqueaba ofendido, como un niño al que le han quitado el bocadillo en el recreo, porque se esté creando «un relato ficticio de violencia y descontrol en Cataluña». Volvemos a la teoría del oasis, ese ubérrimo y placentero palmeral donde históricamente el nacionalismo catalán se tumba a admirarse, donde todo es pacífico, beatífico y muy superior en valores y desarrollo a esos toscos españolazos, aquellos que Torra describía como «bestias carroñeras» en sus espeluznantes relatos.

Pero resulta que ese presunto «oasis catalán» es solo una ilusión óptica, un espejismo etnicista, porque en realidad aquello tiene ahora más pinta de ciénaga enfangada de odio donde la paz la administran sujetos como el tal Bentanachs, o los Jordis organizando la revuelta encima del Patrol de la Guardia Civil (donde salta también un reportero de TV3 como si estuviera celebrando un gol del Barça), con un presidente racista que ya habla de muertos.

Álvaro Martínez ( ABC )