EL LAMENTO MÁS BELLO

Aunque Sánchez aseguró días atrás que este mes habría investidura, yo seguiré haciéndome la sueca. No por nada. Si acaso, porque no toca. Pase de mí el cáliz de la política, rezo cada mañana al despertar. Es mi oración preferida. A estas alturas del siglo no pienso invertir un verano más haciendo cábalas sobre lo que nos deparan las elecciones.

Desde que cumplí la mayoría de edad, siempre me hago la misma pregunta: ¿cuántos veranos me quedan? (de vida, se entiende). No parece una pregunta sensata, pero es lo que hay. Antes, los poetas no contaban los años por veranos sino por primaveras. Y así, de las muchachas en flor se decía que cumplían 15 primaveras, o 17, o todo lo más, 21.

Yo cuento los veranos con los dedos. Me gusta el calor, me gusta la vida al aire libre, las parejas que se enroscan sobre la hierba de los parques, los perros recostados a la sombra de la tarde. También me gusta la música que tocan las bandas de los pueblos, y la que escuchamos a través del pinganillo en la oreja, así es como llega al cuerpo y lo estremece de arriba abajo.

En algún lugar de la memoria todos guardamos la banda sonora de nuestra vida, que contiene muchas emociones arrancadas al verano. En ella hay canciones sin rostro, sensaciones puras, bolas de angustia que se incrustan en el esternón y nos asfixian. Si las terminaciones nerviosas hablaran, cantarían un bolero de Chavela Vargas, o un himno patriótico con ruido de timbales.

El himno de Israel, por ejemplo, está basado en un poema sinfónico del checo Bedrich Smetana dedicado al río Moldavia, que atraviesa Praga y lleva por título Má Vlast (mi país, mi patria). Siempre que lo oigo, lloro. Nunca he estado en Praga, así que difícilmente puedo imaginar el río Moldavia atravesando la ciudad, pero no puedo sustraerme a la tristeza musical de Smetana.

Aunque para tristeza, la canción de la película Los últimos de Filipinas que hizo llorar a toda una generación. Se trata de Yo te diré, compuesta en 1945 para la ocasión. La película narra el largo año de asedio que sufrió un destacamento español en la iglesia de Baler, isla de Luzón.

En su 120 aniversario, la gesta fue objeto de homenaje por los gobiernos de España y Filipinas. Según el embajador Jorge Moragas, era la primera vez que la bandera española tenía un papel protagonista en el acto. Acudieron 33 españoles descendientes de los soldados del destacamento. Yo te diré es uno de los lamentos más bellos y tristes de la historia.

Carmen Rigalt ( El Mundo )