Dicen que las comparaciones son odiosas… especialmente para el que sale peor parado en esa evaluación, y yo estos días vuelvo a sentir una cierta envidia de los políticos alemanes que son capaces ponerse de acuerdo después de las elecciones, para construir un nuevo y distinto gobierno de coalición de tres formaciones políticas en la que no están los conservadores de Ángela Merkel,  y formar un ejecutivo paritario de catorce ministerios.

En España , en cambio, jugamos a otra cosa, entre otras razones porque los catetos ocultan sus complejos con la ostentación, y por eso tenemos veinticuatro ministros, tres vicepresidentes, y mil doscientos asesores.

Siguiendo con esa comparación entre un país riguroso y otro de cachondeo, unos políticos con nivel y otros que han sido seleccionados entre profesionales normales e indigentes en paro sin experiencia laboral previa, una ex presidenta que ha gobernado Alemania 16 años y despedida con el aplauso unánime de la oposición, o un Presidente en España que es abucheado allá donde va, salvo en los espacios cerrados donde tiene asegurada su clá, no tengo más remedio que rendirme ante la evidencia de una sociedad seria frente a una en desconstrucción, como la nuestra.

Se me ocurren varios ejemplos de cómo funciona aquí el grupo ministerial, y la primera conclusión que saco es que somos muy cutres porque, salvando las distancias, algunos de nuestros ministros e incluso su jefe, actúan unas veces como nuevos ricos y otras como quincalleros, y eso hace que resulte difícil ser optimista porque – salvo algunas excepciones- tenemos en el gobierno de España a lo peor de cada casa.

Por ejemplo, Alberto Garzón ha encontrado una causa a la altura de sus capacidades porque lo suyo son los juguetes, empezando por su propio ministerio de Consumo en el que se entretiene sin llegar a agotarse, y cada dos meses presenta una ocurrencia sobre lo que debemos comer o comprar.

Esta vez nos ha indicado qué debemos regalar y a quién, el día de Reyes, y con ese fin ha puesto en marcha una campaña publicitaria titulada “huelga de juguetes”, en la que se ha gastado 80.000 euros, para sensibilizar sobre el impacto negativo de la publicidad sexista en ese sector porque, si una niña ha pedido un balón de fútbol y un niño una caja de costura, por fin podrán disfrutar con esos elementos que hasta ahora estaban prohibidos por el machismo comercial imperante en España.

Tal vez el ministro podría haber dedicado esa cantidad a comprar juguetes y hacérselos llegar a niños de familias sin recursos, pero esa idea no cabía en su cabeza.

También existen juguetes a disposición del gobierno como son el Falcón y el Súper Puma de la Fuerza Aérea Española que Pedro Sánchez ha utilizado durante el último mes en cincuenta y dos ocasiones, según fuentes de Voz Populi, aunque alguna de esas veces lo ha hecho para compromisos privados.

A nadie extrañan esos abusos e irregularidades que comete con la frecuencia que le viene en gana, porque actúa sin atendwer a n inguna critica porque tiene el apoyo suficiente de sus acreedores que le permiten que haga lo que le dé la gana con tal de que a ellos les consienta hacerlo también en sus territorios o corralitos.

No recuerdo a ningún Presidente de gobierno que lo haya tenido tan fácil como Sánchez para contar con el apoyo de sus propias víctimas, y es así porque el político cuya palabra cotiza al valor más bajo entre personas respetables, ha conseguido resucitar el odio en España para sustituir a la concordia de los últimos cuarenta años entre españoles.

Sánchez ha descubierto que nuestra sociedad se divide entre mansos y cabreados, gente que protesta y gente que aplaude, y a todos les regala propaganda porque, para él es más fácil jugar con los españoles que gobernar para ellos.

Alemania en cambio, que pasó por situaciones mucho más dramáticas, ha sido capaz de sobrevivir y ser un ejemplo en Europa.

Diego Armario