EL LEGULEYO

Casi deja de ser noticia que el secretario de Organización de Podemos, Pablo Echenique, ha sido condenado por cometer una infracción laboral por no dar de alta en la Seguridad Social durante casi dos años a un asistente personal que trabajaba para él.

En algunos medios costó ayer encontrar unas líneas para dar cuenta de esta «irrelevancia», pero remitirse al código ético que Podemos impone a sus dirigentes era inevitable. En efecto, ese código obliga a dimitir a los condenados por delitos contra los trabajadores, y es cierto que Echenique no ha cometido un delito.

Y también lo es que, estrictamente, el código de Podemos habla de «delitos». Quién lo iba a decir. Echenique se ha entregado a un juridicismo de leguleyo con el que ampararse para no dimitir.

En España, los juridicismos de leguleyo improvisado tienen un camino de ida y vuelta ideológico. Las infracciones son papel mojado y oportunista para Podemos cuando afectan a sus dirigentes, y son solo la coartada moral con la que el sistema ideado por las élites de la derecha se protegen para seguir corrompiéndose sin problemas. Cualquier imputado de la derecha tiene la obligación política de dimitir o ser destituido. Sin procesamiento, sin juicio y sin condena. En cambio, cualquier condenado de Podemos encuentra un subterfugio técnico legal que justifique su apego al cargo.

Bastaba la sombra de la sospecha en la estigmatización de dirigentes como Rita Barberá, Esperanza Aguirre, Ignacio González, Cristina Cifuentes, Eduardo Zaplana, José Manuel Soria o María Dolores de Cospedal —a los que nunca se abrió siquiera un incipiente procedimiento penal—, o el propio ex fiscal jeje Anticorrupción Manuel Moix.

Pero para Echenique, no basta ni siquiera la evidencia de una condena de un juzgado de lo Social. Paradojas de la vida… de lo «social», palabra que siempre está en boca de Podemos para imponer su doble vara de medir en la exigencia de ejemplaridad pública. Echenique ha cometido una infracción social contra un trabajador. Punto. Le hurtó su derecho a un contrato digno para ahorrarse las cotizaciones correspondientes. Punto. Es aquello tan antiguo de predicar y no dar trigo.

Ese es el mal endémico por el que Podemos ha empezado a dejar de ser creíble en la izquierda. Exigir al prójimo una cosa para hacer exactamente la contraria es un ejercicio de cinismo moral. Resulta que el proyecto revolucionario y regenerador era mentira.

Manuel Marín ( ABC )

viñeta de Linda Galmor