Sánchez se desentendió del mando después de los cien días de alarma. Como si fuera un local se lo traspasó a las 17 taifas regionales, «nuestro Estado compuesto» que suele decir el presidente. Las sanidades autonómicas han ido por su cuenta y riesgo. Se ha generado una sensación de desgobierno que ha puesto a España a la cabeza de los brotes y por lo tanto de la segunda ola de la enfermedad en Europa.

Ni se ha arreglado el problema de salud pública ni se ha salvado el turismo y la economía. Nos hemos puesto en cabeza de la destrucción de riqueza y empleo en la zona euro. Se nos han ido otra vez unas semanas decisivas para evitar el siguiente colapso hospitalario a finales de septiembre.

Otra vez se llega tarde, mal y a rastras. No hay timón y sí mucha zozobra e inquietud sobre lo que puede volver a pasar. ¿Desde cuándo consideraban necesario nuestras autoridades que se restringiera fumar en la calle? ¿Por qué el sector del ocio nocturno -25.000 empresas y 200.000 puestos de trabajo- abrió y ahora tiene que cerrar? ¿No estaba prohibido el botellón o es que ya no se va a hacer la vista gorda?

El viernes se acabó la fiesta. Sánchez aparenta que vuelve a tomar el mando poniendo al ministro Illa a reorganizar el caos después de otro ramillete de confusas e inquietantes apariciones del señor Simón. Por favor, si es posible, que no vuelva a decir nada más sobre qué va a pasar con los colegios si tampoco lo sabe.

Mientras tanto, el presidente se cambia de palacio. De las rocas volcánicas de Lanzarote a las mosquiteras de Doñana en un salto como dicen los que vuelan. Más pronto que tarde volverá al de La Moncloa para dar una imagen reparadora tras el sálvese quien pueda autonómico.

En una situación como la de este verano y después de todo lo ocurrido entre marzo y junio, qué se estaría diciendo de las vacaciones del Presidente si en vez dé Sánchez fuera Rajoy o Aznar. Con Casado no es necesario hacer dicho ejercicio que para eso está Ayuso y también Moreno, que empieza a ganar enteros en la freidora de los culpables del PP. Sánchez maneja el mando a distancia y deja que sean otros los que le pongan la alfombra para la vuelta triunfal y salvadora.

El próximo vídeo en las escalinatas del palacio de invierno ya tiene mensaje para expandir por redes y terminales: no se os puede dejar solos.

Juan Pablo Colmenarejo ( ABC )