EL MEDIO PELO

Manuel Alejandro siempre ha ido por delante de todo el mundo. Sobre todo de Iñaki Anasagasti, «uno del PNV». Y no sólo porque tenga mejor pelo. Ya había escrito el grandísimo autor gaditano la canción Ese hombre para Rocío Jurado. «Es un gran necio, un estúpido engreído, egoísta y caprichoso, un payaso vanidoso, inconsciente y presumido, falso enano rencoroso, que no tiene corazón». Ah, y muy facha.

Vale, esto no es de la canción, es de Iñaki Anasagasti sobre Cayetana Álvarez de Toledo. «Una estúpida, pija, engreída y arrogante. Ah, y muy facha». Por unas declaraciones (negativas, claro) de la portavoz parlamentaria del PP sobre Torra y el independentismo catalán. «Uno del PNV» ha sido la calificación de la diputada del PP, también con mejor pelo, a quien fue senador del partido vasco.

Pasará en todos los países (y sigue pasando aquí), pero que este señor haya sido senador y que Pilar Rahola haya sido diputada de ERC… Era conocida la historia del pin republicano que Don Juan Carlos le recolocó en una recepción de la Zarzuela. Pero ya saben que un programa de TV3 que se emitía el pasado domingo se había promocionado con Rahola diciendo que Don Juan Carlos le había tocado un pecho. Adornándose.

Y no se daba cuenta de que estaba autoparodiándose porque cualquier fan de La que se avecina estaba pensando en Estela Reynolds. En lo más importante de su currículo artístico. No llegando Pilar a Estela a la suela del zapato. Y pareciéndose más a Paquita Salas.

Pero eso era la furrufalla de la entrevista. Cuando le tocó hablar de Don Felipe dijo: «Felipe VI es un pijo de manual formando en una escuela españolista de línea dura, un patriota español que podría votar Vox. Va con dureza. Su padre nunca habría pronunciado el discurso del 3 de octubre».

Por sus partes, Irene Montero no tolera ni una. Para algunos jueces tiene la consideración de Faulkner en Amanece que no es poco. Por un poema publicado en 2017 en una revista de la asociación judicial Francisco de Vitoria le dieron 70.000 euros porque erosionaba su dignidad.

Quedaba peor Pablo Iglesias («por una inquietante bragueta»). Ahora le han caído 3.000 euros porque otro juez ha condenado a Federico «por intromisión ilegítima en el derecho al honor». Por «ignoranta», entre otras cosas. Con la de veces que han dicho puta a Arrimadas sin ser ella nada de eso. O lo que dicen a Cayetana. Y a Monasterio. Y a Díaz Ayuso (también a Martínez Almeida). No sé, la piel de Irene Montero será más fina. Pero Valtonyc tiene una letras por las que nadie se debe ofender.

La hermana del cardenal Richelieu, madame de Brézé, no se atrevía a sentarse porque creía que estaba hecha de cristal. Sólo se sentaba con más cojines que los que ponen algunos diseñadores de interiores en las camas. También aullaba. Esa familia estaba para allá. Alphonse, el mayor de los hermanos Du Plessis, a veces se creía Dios. Lo cuenta Elliot en Richelieu y Olivares.

La gente que creía ser de vidrio, como el cervantino Tomás Rodaja, disminuyó con el paso del tiempo. Lo que no ha disminuido es la gente que cree que no se la puede insultar. Claro que hay otros que creen que con un pelo intolerable pueden poner verde algo o a alguien.

Sean futbolistas o Anasagasti. Hay quien sostiene que no se puede criticar a alguien por su aspecto. Cuando el aspecto es voluntario sí. Que ya lo decía Hillary Clinton: el pelo importa. Lo que no importa es el medio pelo. El de «uno del PNV» o el de una de Esquerra que no imagina que lo importante es que Fernando Esteso te haya chupado un pezón.

Rosa Belmonte ( ABC )