EL MESÍAS DE TETUÁN

Entre las características del sanchismo encuentra este batallón una que sobresale de las demás. Se trata de su redentorismo, que descuella en una doctrina que supone un mezcladillo de lo políticamente correcto, del tradicional alpiste progresista y de las ínfulas de una insólita superioridad moral y ética sobre otras ideologías.

Y esa función mesiánica, de rescate de los españoles o conquista de hitos para una más alta felicidad colectiva, pasa por borrar el pasado cuando a los socialistas no les es favorable o simplemente no encaja con esa labor salvadora y/o pionera. De un señor que se autodefine en un libro como «Pedro el guapo» no caben esperar menos alharacas, albricias y aleluyas a su augusta figura y singular obra.

Nada de lo que un sanchista considere bueno ha ocurrido antes en España, todo lo positivo es gracias a ellos, de tal forma que hasta en el caminar de Neil Armstong sobre la Luna ya se intuía que Pedro Sánchez iba a nacer tres años después. Y para el autoelogio no les importa mentir, con sorprendente descaro si cabe, pues no es habitual ese desahogo si no se tiene la convicción de que los ciudadanos son bobos y no se enteran.

Esta semana hemos asistido a un ejemplo de la penúltima trola formidable que se quiere hacer pasar por verdad de la buena. La alcaldesa de Hospitalet, Núria Marín, que lleva en política desde hace un cuarto de siglo, sacaba la trompetería en las redes sociales para declarar: «Nuestro firme compromiso con la igualdad.

Orgullosa de que dos mujeres presidan por primera vez Congreso y Senado». Nada ha ocurrido antes de la llegada del doctor a La Moncloa, ni siquiera que hace ya 19 años Luisa Fernanda Rudi y Esperanza Aguirre presidieran ambas Cámaras, en aquella ocasión sí por primera vez en la historia de las Cortes. Pero claro, no eran de izquierdas sino del PP y entonces ya no vale. Quizá usted no se ha dado cuenta pero la democracia, los derechos y las mejores venturas nos han llegado con el sanchismo, que pretende ser una era.

Para cuando vienen peor dadas, o rematadamente mal, tampoco existe el pasado en ese mágico mundo de color sanchista. Sánchez llegó al poder tras una moción de censura contra Rajoy después de la condena a dos alcaldes de pueblo en un juicio por corrupción por delitos cometidos en 2003 y en los que el monto de lo defraudado (el botín que se juzgaba) rondaba los 20 millones de euros.

En 2018, el «malvado» Rajoy era responsable de aquello y con su salida de La Moncloa, España «recuperaba su dignidad». Solo un año después, con dos presidentes de la Junta de Andalucía y del PSOE (no uno, dos) condenados por el latrocinio continuado y con método (hasta 2011 se prolongó el desfalco socialista) de casi 700 millones de euros de dinero público, el doctor afirma que la cosa no va con él ni con el partido.

«¿Los ERE?, ¿qué ERE ni qué niño muerto? No me hable usted del pasado. Ya está la derecha exagerando». Todo se ha purgado en esa «nueva España» del sanchismo, alba de la más alta dicha que conocerán los tiempos. Ni perdón ha pedido Sánchez. Casi 700 millones de pelillos a la mar.

Álvaro Martínez ( ABC )