Eran otros tiempos en que se creía que con la barbarie de las balas y las bombas, se podían conseguir beneficios políticos. A sangre y fuego se sacudió la democracia durante el loable intento de la convivencia en libertad y con valores consensuados por una meritoria mayoría. El lastre fue la tragedia de los disconformes asolando el esfuerzo de un país resuelto a vivir pese a la aniquilación terrorista.
2004.Transcurrieron décadas hasta que un miserable llegado al poder con una masacre, careció de escrúpulos para usar la ambición de los asesinos en provecho propio. El método lo inició Rodríguez Zapatero con el irresoluto 11-M y lo ha continuado Pedro Sánchez asentando en el engaño, la mentira sin control y la falta de honra, el modo de gobernar incluso cometiendo fraude electoral. Sucede que cuando el crimen queda impune, se le da la oportunidad para renovarse con más cruenta e indiferente sofisticación. Sánchez y sus aliados, enemigos de la Constitución, son la prueba.
Entonces con el 2004 la dignidad de la sociedad española todavía exigía un plan para dar gato por liebre, sin que la Justicia penalizara las sospechas de una estafa política. De ahí la trama laberíntica y chapucera para encubrir la matanza usando chivos expiatorios. Ahora basta mentir descaradamente, en tanto se tornan sectarios los tribunales para dejar impunes los muchos delitos del sanchismo.
El ruin Zapatero se vio obligado a realizar improvisadas maniobras de despiste para premiar la complicidad con ETA. A Sánchez le ha bastado aliarse con ésta-midiendo los tiempos, cerciorándose de que la sociedad tragara sapos-para gobernar una España secuestrada.
Antes engañó al Congreso y al electorado con una moción de censura que en nada difiere de lo sucedido cuando Zapatero llegó a La Moncloa en sangrientos trenes de cercanías. No debería pasar inadvertido un idéntico modus operandi basado en el escándalo público para aventajar suciamente al mismo adversario político: el Partido Popular. Todo lo que posee de ingenua y tibia estulticia éste, lo tiene de picaresca delicuescente el PSOE.
España ha cambiado con generaciones acomodadas en las mieles de un régimen democrático benévolo con sus enemigos. Impertérrita se deja someter por las continuas artes criminales del social comunismo. Esa otrora gloriosa España, desmemoriada, está curada de espanto incluso para asumir sin rechistar y cobardemente el aprovechamiento de la pandemia y la multiplicación de los efectos mortales con fines carroñeros de beneficio político. El sanchismo no se diferencia en nada de la ETA cuando mataba, si acaso en el mayor número de muertos.
Eran otros tiempos en que ETA asesinaba pero si llega a saber cómo sacar rédito con embustes, al modo del doctor cum fraude, se habrían evitado cientos de atentados usando un parecido manual cínico del genocida de La Moncloa. En el arma biológica se habrían especializado si hubiesen sospechado la gran ventaja de aprovechar una pandemia para alcanzar los objetivos delictivos del ocupa monclovita.
Así nos hubiésemos ahorrado el infierno de dolor provocado por un terrorismo hoy auspiciado cínicamente por este desgobierno chapucero, deshonroso y criminal. Ni se molestan ya en disimular las afinidades en pos de mismo objetivo tabernario, siendo el sanchismo aliado natural de quienes intentan, ayer como hoy, destruir el Estado de Derecho.
Ignacio Fernández Candela ( El Correo de España )