Encerrar a los españoles en reclusiones que duran varios meses tiene el peligro de generar obras intelectuales que pueden resultar devastadoras para los gobernantes. No es éste el lugar de una crítica literaria, pero no puedo dejar de hacer una referencia a un pasaje del gran ensayo «Las crónicas de la pandemia» que acaba de publicar el embajador Javier Rupérez (agosto 2020).

Recuerda en él cómo el 7 de mayo pasado era el día en que se conmemoraba el setenta y cinco aniversario del fin de la Segunda Guerra Mundial y a raíz de ello, la creación de las Naciones Unidas, hecho que acabamos de conmemorar esta semana con un notable discurso de S.M. el Rey.

Recuerda Rupérez la nostalgia que le genera el que España «no estuvo allí» en la hora de la victoria. Como tampoco en San Francisco en la creación de las Naciones Unidas. Recuerda Rupérez, con todo su magisterio, que «sólo en 1955, diez años después de su creación, fue España autorizada a formar parte de las Naciones Unidas». Vade retro, Satana. Rupérez contradice la «Verdad oficial».

El Ministerio de Mentiras Exteriores que dirige Arancha González Laya difundió el pasado mes de junio un video en el que recuerda cómo el 26 de junio de 1945 se firmó la Carta de San Francisco por la que se crea la Organización de Naciones Unidas.

Acto en el que Exteriores sostiene que «la España democrática también estuvo presente» con una representación encabezada por Álvaro de Albornoz e integrada por Juan Negrín y Julio Álvarez del Vayo, entre otros. Negrín, el socialista al que Indalecio Prieto tuvo que expulsar del PSOE por su lealtad a Stalin. Álvarez del Vayo, el creador de la Unión Socialista Española que desembocó en la creación del grupo terrorista FRAP, del que tanto sabe el vicepresidente segundo del Gobierno. Esos eran los demócratas.

El video de Exteriores -apenas dos minutos- no tiene desperdicio. Habla de que se «consagró el ideal democrático que inspira las Naciones Unidas» que era el que debía encarnar uno de sus fundadores, José Stalin. Y concluye explicando que «en 1955, como consecuencia de la Guerra Fría, el régimen franquista fue admitido en la organización.

Pero España no ocupará el lugar que le corresponde entre las democracias del mundo hasta 1977, resultado de un histórico proceso de Transición democrática». Ni una, oiga. Es que no aciertan ni una. En 1955 no fue admitido el régimen franquista. Me duele decirlo, pero el franquismo estaba reconocido por Estados Unidos, Francia y el Reino Unido desde antes de que terminara la Segunda Guerra Mundial. En 1955 la ONU admitió a España.

La España democrática se dirigió al plenario no en 1977, sino en septiembre de 1976. En Exteriores deberían saberlo, porque lo hizo el ministro de Asuntos -no de Mentiras- Exteriores Marcelino Oreja. Y ahora que González Laya ha descubierto que en 1977 se había producido el proceso de transición a la democracia -afirmación que me alegra enormemente- le ruego que se lo comunique al resto del Consejo de Ministros.

Porque si en septiembre de 1977 España ya era una democracia alguien tendría que explicar por qué este desgobierno pretende aprobar una ley de «memoria democrática» según la cual hay que retirar los títulos de nobleza concedidos por el Rey entre noviembre de 1975 y diciembre de 1978.

Tienen más peligro que un macaco metralleta en ristre.

Ramón Pérez-Maura ( ABC )