EL MONTE DE LAS ÁNIMAS

Léanme al compás del Raskayú. El Goya de las pinturas negras serviría para ilustrar el delito de profanación de tumbas que el Ejecutivo se dispone a perpetrar en Cuelgamuros y la prosa de Bécquer bien podría describir lo que allí, si el respeto debido a los muertos no lo impide, está a punto de suceder. Son muchas las imágenes y las citas que se me vienen a las mientes al enterarme de la misa negra que la Santa Compaña del cabildo monclovita oficiará mientras la oposición mira al tendido.

¡Música de réquiem, maestro! Las obsesiones escatológicas dan para mucho en el ruedo ibérico. “¡Viva la muerte!” gritaban al unísono los legionarios de Millán Astray en la Salamanca de los últimos días de Unamuno y los milicianos del Madrid sitiado por las tropas del hombre que ninguna de las dos Españas se resigna a enterrar. Dé por seguro el lector ecuánime que sentiría y diría yo lo mismo que aquí digo y siento si la exhumación sacrílega removiera los huesos de Durruti, de Lorca o de mi padre, pongo por caso, en vez de los de FrancoJosé Antonio. No es cuestión de partidismo e ideología, sino de buen gusto, decoro y prudencia. Los muertos no se tocan, nene (Rafael AzconaDavid TruebaJosé Luis García Sánchez). Oficio de tinieblas (Cela).

Benet pasó de las ciencias exactas a las de la literatura el día en que cayó por la ley de la gravedad en sus manos un ejemplar de Mientras agonizo, de Faulkner, alineado en un estante de la Librería Castillo. Y al tercer día resucitó (Vizcaíno Casas). Las noches lúgubres(Cadalso). Ju ana la Loca paseó por media España el féretro donde yacía su marido y otro tanto hicieron los falangistas con los restos del Ausente. “Vengo por la asaúra que me robaste en la sepultura”, rezaba el sonsonete del cuento con el que las chachas me metían miedo en mis años infantiles.

“Los muertos, por muy mal que lo hagan, siempre salen a hombros”, comentaba el gran Jardiel. Si pica, es humor. Mezclo adrede y en desorden churras sarcásticas con merinas mordaces, pues todas ellas encajan de rechupete en la partitura machacona del gorigori de nuestro carácter.

Terminaré parafraseando la burlona execración que nunca escribió Zorrilla: los muertos que vos desenterráis, señorones del Gobierno, gozan de buena salud. Estáis prolongando la vida del Caudillo y devolviéndolo al escenario de sus hazañas, según algunos, o de sus fechorías, según vosotros.

El tiro por la culata. ¿Es eso lo que buscáis?

Fernando Sánchez Dragó ( El Mundo )