Si vis pacem, para bellum. El mutilado de guerra sigue en estado de perplejidad permanente, casi catatónico, pensado sólo en la paz, durante sus últimos días; en la paz, y en el sacrificio de toda una vida por dicha causa. De toda una vida al servicio de la Patria que ahora ve inexistente. Por eso se siente absolutamente mutilado y herido.

El hormiguero revuelto del mundo no le da tregua. Es el gallinero sobre el que ha caído de sopetón la zorra. Adiós gallinero, que aunque revuelto, iba tirando. Todo cabe en el mundo. Bien dijo el filósofo griego Protágoras: «El hombre es la medida de todas las cosas».

París, que según Enrique IV de Francia y III de Navarra, bien vale una misa, estuvo sembrado de funerales por sus calles bajo el terror yihadista. El mundo que pende de un hilo, sigue tan tenso y convulso como siempre, y cada vez más peligroso. La última vez que les golpeó el terrorismo a los franceses, se arrancaban por todo los rincones cantando para la paz La Marsellesa que es una canción de guerra.

Al otro lado del charco, los gorilas rojos berran desalmados sus contradicciones, con grandes palabras patrióticas en las que esconde las mayores atrocidades; meten en el mismo saco, dos cosas imposibles, la revolución y la paz.

Nadie imaginaba que lo peor ahora nos viene de occidente, cuando siempre lo fue de oriente. Nadie suponía que la revolución de Cuba y Venezuela estuviera entrando en España, y no sería por lo que no nos avisaron los venezolanos exiliados y que salieron huyendo de aquel régimen criminal. Hispanoamérica.

La que llamaban allí Madre Patria, y querían de corazón, ahora derriban estatuas de sus conquistadores, escupen sobre todos los vestigios, y van a liquidarla con un odio incomprensible.

El odio es una enfermedad mental generada por la estupidez que es la patología social que causa tanto daño. De la estupidez, compendio de todas las maldades, no puede salir nada bueno. El comunismo que es una escuela de odio, se afianza fácilmente entre la gente estúpida.

Hoy está disfrazado entre los mil tentáculos de satanás. Como el feminismo extremo o el borrar la historia de los hombres. Trae odio, división y terror, para dominar, y toda la miseria humana. La división entre los españoles, hoy es palmaria, que aunque empieza por la ideología dictatorial, pronto afecta en todos los órdenes al ser totalitaria.

El mutilado de guerra que visité este verano en sus aposentos estivales, lo tiene todo muy claro desde el principio de su vida, vida que lleva con resignación y alegría, pese a que ambas tampoco casen mucho. La guerra siempre acaba trayendo la paz. También la paz de los cementerios.

El mundo está en guerra consigo mismo desde que Caín mató a Abel, con la quijada de un burro. Los periodos de paz y progreso, fueron los menos. La guerra es el padre de todas las cosas, nos dice Heráclito, y tiene toda la razón, pues la razón de la que se dice que no tiene más que un camino, no es más que la imposición de la verdad del debelador que la impone.

El justo medio de las cosas, ese punto mágico donde se dice radica la virtud, no se suele dejar ver mucho, salvo los escasos periodos de paz, y concordia verdaderas, cuando la gente se convence de que tiene que hacer la paz y no la guerra. Ahora más de media España quiere la guerra, antes que la paz. Aunque sabe que se arrepentirá, pero vota a las opciones que no traen la paz, como si eso no fuera con ellos.

Más de media España quiere la revolución que no es más que la comunista. En la paz no piensan, ni parece importarles mucho. El demonio del vicio, el pecado y la guerra, triunfan disfrazados y contundentes desde las más altas magistraturas.

El eje de la tierra, viejo, gastado y chirreante, no deja de girar, y nunca se detiene. ¿Nunca…? Ahora están invertidos los ejes, y el norte es el sur, y viceversa. Ahora es todo al contrario, desde que pusieron el mundo al revés. Cada día se cierran los ojos para siempre de miles de seres humanos. O se los cierran por las bravas, como están haciendo los talibanes en Afganistán.

Y entonces la tierra ya deja de girar, y nunca más amanece. «Yo me iré y seguirán los pájaros cantando», dijo, Juan Ramón Jiménez. Sólo queda ese consuelo; para alguien seguirán cantando. La naturaleza con sus insondables misterios es nuestra madre. Pero mejor no meterse mucho con los asuntos de familia. Porque en todas las familias cuecen habas…

Es preferible la amistad, ese conocimiento a medias que bien se presenta como el preludio del amor, que ya lo sería todo. Las amistades, incluso las peligrosas, contienen el don de la libertad al poderlas elegir cada cual con sus propios medios, y dejar, sin más, si uno se cree equivocado al haberlas elegido.

Fígaro ( El Correo de España )