Por la red anda corriendo la noticia de que el miserable Bill Gates ha anunciado, en plan amenaza, la inminente irrupción de nuevas cepas del maldito virus chino más mortíferas que las anteriores.

Por supuesto, tras leer semejante advertencia no pude salir de mi asombro pues o bien, este malvado globalista, con apariencia de filántropo -por cierto, un calificativo muy al gusto de la masonería internacional-, es un nuevo “profeta”, cosa que dudo mucho pues los profetas, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento, eran otra cosa, o de lo contrario es él quien mueve los hilos desde la sombra de esta trama que está arruinando la economía de los países del primer mundo, para luego presentarse como el gran salvador de la humanidad, vendiéndonos las vacunas fabricadas en las plantas farmacéuticas de su propiedad.

Evidentemente, la negativa de una buena parte de la población a seguir inoculándose nuevas dosis de vacunas, en lo que pretendían que fuese una especie de carrera sin fin, está provocando, a buen seguro, que las empresas fabricantes de estos productos vean notablemente mermados sus otrora pingües beneficios, por lo tanto, es necesario volver a sembrar el terror entre la ciudadanía para que vuelva al redil y se convierta en adicta a este tipo de fármacos o lo que sea que les inyectan, que, por cierto, no están demostrando la efectividad que nos habían vendido pues a cada paso hay más que, inoculados con sé cuántas dosis, siguen contrayendo, una y otra vez, la enfermedad.

Sobre este asunto, al respecto de la efectividad de la vacuna o lo que sea, cabrían otras posibilidades de las que mejor no hablo al tratarse tan solo de sospechas pendientes de contrastar.

El maquiavélico plan globalitario, cuyas líneas maestras figuran en esa que llaman la “Agenda 2030”, de la que España, con los miserables socialistas y comunistas a la cabeza, es alumna aventajada, parece que ha visto ralentizada su vertiginosa carrera para lograr uniformar, bajo los mismos criterios, a toda la población de la tierra.

Afortunadamente, cada día hay más gente que se ha despertado del letargo y está comprendiendo que un proyecto de ese estilo nos avocaría no solo a la pérdida de libertades y derechos, sino también a la de nuestra propia identidad nacional, uniformándonos a todos de acuerdo con unos parámetros creados por el movimiento globalitario, convertido en una suerte de dictadura universal.

Quizás un signo bastante elocuente que sirva para apoyar lo que estoy diciendo es la casi total desaparición, de un tiempo a esta parte, de los diabólicos roscos multicolores que lucían, con supuesto orgullo, políticos y empresarios de todas las ideologías, en las solapas de sus americanas. Solo hay que fijarse un poco para comprobar la veracidad de lo que acabo de señalar.

Sin embargo, el maquiavélico plan sigue en fase de ejecución a base de la inoculación permanente de los nuevos estándares con los que pretenden adoctrinar a la población mundial. No hay más que ver lo que corre por las redes, sabiamente manejadas por esta mafia globalista, o los mensajes que nos transmiten todas las series producidas por la factoría “Netflix”, al servicio de la misma causa.

Prueba de este diabólico plan es esa pretensión de unos cuantos iluminados que nos dicen que, a partir de ya, habrá que sustituir la carne de la buena ternera gallega, por bichos de todo tipo -gusanos, vermes, supongo que cucarachas rubias aladas, etc.-, para mejorar la supuesta salud del planeta. Pues mira, lo siento por la salud planetaria, pero los bichos se los va a comer, con perdón, su puta madre y no precisamente la del planeta.

De todas formas, me imagino que, en breve, veremos cómo los pijoprogres -más pijaprogres, pues hay muchas más- acudirán, y de ello harán pública gala, a los restaurantes en los que se sirvan estos “deliciosos manjares”, en cuyas cartas figurarán, además de la consabida carne sintética, diferentes platos, a base de vermes y otros gusanos, de la nueva gastronomía planetaria que estoy por asegurar que se cultivarán en alguna granja propiedad del tal Gates o de su socio Soros, otro indeseable de la misma calaña que él, o de algunos de sus protegidos.

Volviendo a nuestra Patria, vimos con sorpresa y nos asqueó el rendibú que le hicieron, en las casetas de la Feria de Abril de Sevilla, a ese imbécil de barbita y con cara de alelado -de esos que parece que no rompen un plato-, con cartera ministerial vigente, que acompañó a la “ilustre llorona” en su recorrido ferial.

Para un tipo que proclama a los cuatro vientos, haciendo de ello bandera, la inconveniencia de comer carne roja y de beber vino a la hora de la comida, debería resultar una incongruencia atiborrarse de buen jabugo y manzanilla, poniendo, encima, cara de idiota mientras se lo zampa, como si tal cosa. Esa es la supuesta superioridad moral de esta izquierda enferma y perniciosa que pretende aleccionarnos.

Vivimos en una sociedad malsana y corrupta, destinada a su extinción si no se le pone remedio inmediato. Tal vez, una buena prueba sea esa defensa exacerbada de la vida de los lobos, perros, gatos y animales en general, iniciada en plan cruzada por la podemía canalla y, sin embargo, no se pone coto ni cortapisa, encima se anima, a que se mate sin piedad a los neonatos, aduciendo que el aborto es una simple consecuencia de la libertad de la mujer, un paradigma convertido en icono que defienden con encono tipejas de la calaña de la ex de aquel siniestro individuo cherepudo, el otrora de la coleta sucia.

Entretanto, este gobierno de risa floja sigue agachando la cabeza y sometiéndose sin recato a los caprichos del puto moro marroquí que, a la menor oportunidad, trata de humillar nuestro sentimiento nacional de la forma más descarada, mientras tanto sociatas y comunistas se limitan a actuar como vulgares lametraserillos, carentes de honor y dignidad.

A esta gentuza -socialistas, comunistas, filoterroristas, golpistas, independentistas y perroflautas en general- hay que echarla cuanto antes de las todas las Instituciones para que, de nuevo, España, tan rica en calidades entrañables, recupere el puesto que le corresponde en el concierto de las naciones, haciendo que volvamos a sentirnos orgullosos de nuestra historia, nuestras costumbres y tradiciones y de nuestra forma de ser y entender la vida.

Eugeni Fernández Barallobre ( El Correo de Eapaña )