Las instrucciones dictadas por el ministerio, presidido por el señor Bolaños, contra los organizadores de los actos del 20-N demuestran que la intención de los memorialistas de la guerra civil, no era rescatar la memoria de los que sufrieron persecución durante la contienda armada o fueron condenados durante la posguerra, sino la represión política de determinados proyectos y pensamientos actuales; incluso el reprimir potenciales dictámenes históricos que no sean de su agrado.

Esta estrategia de control social tiene su origen en la resurrección instrumentalizada de los “paseados” frente populistas de la guerra civil. Circunstancia que coincide en el tiempo con el gobierno de centro-derecha del Presidente Aznar. Curiosamente, nada de esto había sucedió antes del año 2000, época en que alcanza la derecha la mayoría absoluta.

Y es que el autor recuerda muy bien aquellas manifestaciones-monstruo celebradas en la plaza madrileña de Oriente y aledaños, de los años 79, 80 y 81, convocadas por la desaparecida Confederación Nacional de Ex Combatientes, en recuerdo de Franco y José Antonio.

Eran manifestaciones multitudinarias, absolutamente pacíficas, y nadie se quejaba, siquiera todo el centro de Madrid fuera inundado con banderas de España, camisas azules y boinas rojas.

Entonces ningún órgano político ni ministerial pedían por conducto reglamentario que fueran castigadas las organizaciones convocantes y que se abrieran diligencias para sancionar con astronómicas multas a los participantes.

Y entonces ya estábamos en un régimen parlamentario de corte occidental: se habían celebrados dos elecciones generales y unas municipales, así como alguna que otra de carácter autonómico.

Era entonces cuando el recuerdo de las penalidades de la guerra civil y posguerra estaba más vivo, por meras razones cronológicas y biológicas; no en vano aún vivía y pensaba la generación de la guerra. Era entonces, cuando estos memorialistas tenían que haber hablado, protestado y acudido, incluso, a los tribunales.

No se movieron en aquella época porque el país estaba ya reconciliado de los desastres de la pasada contienda civil; y eso ya se había producido en los últimos años del franquismo ¿A qué viene ahora la persecución dirigida por un ministro contra quienes caminan en cortejo sesenta kilómetros portando una corona de flores o se reúnen en una iglesia cualquiera para orar por dos personajes históricos, fallecidos respectivamente hace la friolera de 86 y 47 años? Esto, diga lo que diga el señor ministro, es un evidente síntoma de que nos hallamos en una completa tiranía encubierta.

Los actos políticos y religiosos, ahora perseguidos por el ministerio y las subdelegaciones del gobierno, estaban autorizados previamente, y que yo sepa únicamente fueron denegados en una ciudad levantina, lo que implicó que la organización convocante acudiera a los juzgados de lo contencioso-administrativo.

Por tanto ¿no será que el ministerio piensa satisfacer las ansias e instintos de una pléyade de fanáticos como los que han arremetido en las redes sociales, con insultos e injurias incluidos, contra los partícipes en la  marcha de las coronas de hace escasos días, por razones exclusivamente electorales?

Allá el ministerio con sus cálculos y decisiones draconianas, aunque yo entiendo el rebuzno de los macarrillas de la izquierda y demás individuos del bestiario radical. Llevan narcotizados bastantes años con brebajes ideológicos, como para poder entender cuál es el estilo de la Falange: se podrá estar de acuerdo o no con su planteamiento ideológico, del que un servidor puede discrepar; pero la Falange posee un estilo propio, inconfundible, avalado por decenas de miles de caídos en los frentes de batalla, en las calles y en los paredones de fusilamiento.

Y este estilo peculiar desfiló desde Madrid hasta las proximidades de El Escorial; y lo vienen haciendo los falangistas de forma ininterrumpida desde finales de los años setenta, como para echarse ahora las manos a la cabeza. Y parece que eso pone de los nervios a los macarrillas de turno y a los nuevos gestores del ministerio, con conocimientos muy precarios sobre lo que fue la guerra civil y la conducta de las organizaciones combatientes.

¿Pero qué pretenden los escribas del ministerio? ¿Arruinar la vida y la hacienda de quienes han desfilado silenciosamente en recuerdo de un español arbitrariamente ejecutado en una guerra civil? ¿Condenar a una pequeña organización política a su ruina económica por cantar sus participantes el Cara el Sol, una canción compuesta en la etapa republicana por poetas y que alude únicamente de los caídos de la organización falangista y a la paz?

¿O es que el señor ministro no conoce que esa especie de Shangri-La de la II República generó miles de muertos y asesinados por antagonismos políticos? ¿O es que el señor ministro es tan torpe que confunde el saludo a la romana con el nacionalsocialismo?

Miren: la Ley de Memoria Democrática establece un régimen sancionador, propio de cualquier satrapía que se precie, pero afortunadamente remite en su articulado a las leyes administrativas vigentes, a fin de incoar los pertinentes expedientes sancionadores.

Curiosamente, una de esas normas, como la Ley 39/2015, de 1 de octubre, del Procedimiento Administrativo Común de las Administraciones Públicas, establece que son nulos de pleno derecho todos los actos administrativos que vulneren la Constitución. Paradójicamente, el señor ministro, anima incluso públicamente a castigar a los participantes en los actos del 20N, por razones constitucionales, pero…el señor ministro, que es jurista, no puede olvidar la libertad ideológica, ni la de expresión, ni tampoco la libertad de movimientos, que reconoce el texto constitucional en vigor ¿o es que le ha afectado tanto la intoxicación memorialista que está sufriendo un lapsus incurable?

Hagan lo que les dé la gana y multen, si lo consideran apropiado, a todos los participantes con sanciones injustísimas; pero recuerden que ello será el clima que necesita la Falange para volver a renacer. Que a lo mejor es lo que necesitamos, pues la izquierda ha dejado de postular una revolución justicialista desde hace tiempo; pues prefiere enriquecerse y vegetar opulentamente en el poder.

Señores del ministerio: no sean tan torpes como fue el ministro Casares Quiroga en la primavera de 1936, cuando ordenó encarcelar a todos los falangistas del país de forma arbitraria. La Falange renació pocos meses después con tal fuerza que fue un elemento indispensable para derrotar por completo al bando republicano en la guerra.

Y es que el pueblo español se sirvió de la Falange para expulsar del poder a los indignos gobernantes republicanos, al alistarse en las filas falangistas cientos de miles de personas.

Tampoco pretendan ser tan fieros como aquel ministro de la Gobernación, el socialista  Ángel Galarza, que, aun siendo licenciado en leyes, cubrió de sangre los alrededores de Madrid ¡Ah! olvidaba que ustedes son unos forofos de la II República y que su hooliganismo no les permite ver con claridad la realidad social.

En cualquier caso, dejen ser libres a los ciudadanos y cúrense de intoxicaciones histórico-políticas, pues ya hemos sufrido bastante desde la pandemia de 2020.

José Piñedo Maceiras ( El Correo de España )