Aún está a tiempo Arnaldo Otegi de que sus aliados socialistas lo salven de quedar como un fanfarrón. Cuando dijo aquello de que merecía la pena votar los presupuestos si, a cambio, sacaban de la cárcel a doscientos presos etarras, el presidente del

Lo dijo el mismo día en que lamentó el «sufrimiento» de las víctimas de ETA, lo que el PSOE y sus propagandistas vieron como la condena que el mundo proetarra debía hacer. El entusiasmo de los amigos de Otegi se hizo mayor aún cuando el movimiento de presos anunció el fin de los actos de bienvenida -‘ongi etorri’- cada vez que uno de ellos era excarcelado.

Al final, Otegi tendrá razón, porque los hechos confirman su arrogante sinceridad y porque el Gobierno del PSOE y Unidas Podemos quiere conservar a EH Bildu como un socio preferente en Madrid y, para mañana, de gobierno en el País Vasco. El nuevo secretario general de los socialistas vascos, Eneko Andueza, está allanando el terreno para el pacto con los proetarras, si condenan la violencia, pero ya se encargarán los exégetas del PSOE de conformarse con cualquier palabrería de Otegi para dar por cumplida la condición.

Por lo pronto, los proetarras siguen con su campaña de exaltación a ETA y de apoyo a los presos terroristas. El día de Nochebuena, el casco viejo de Pamplona fue el escenario de una cálida acogida al asesino Ignacio Etxeberría, puesto en libertad después de cumplir prisión por asesinar a cinco militares.

Y ayer, en doscientas localidades vascas y navarras, se celebraron concentraciones convocadas por la plataforma Sare, de apoyo a los presos de ETA, con el concurso de la izquierda política y sindical que apoya al PSOE. Otra vez, la coalición de Sánchez retratándose con ETA y dando tranquilidad a Bildu.

El proceso de rehabilitación del brazo político de ETA es público y obsceno. Ya no está sujeto a ningún límite moral, que Sánchez superó hace mucho tiempo para digerir sin problemas un plan político conjunto con Otegi y sus secuaces. Ya dijo Patxi López que el PSOE pactaba con EH Bildu porque la oposición del PP es «indecente». Así que Pablo Casado hace bueno a Arnaldo Otegi en la lógica del sectarismo socialista.

Tampoco parece haber límites legales. En una sociedad de ‘ofendiditos’ que se desmayan ante un cuadro de naturaleza muerta, resulta chocante que la exaltación pública de asesinos sea amparada dentro y fuera de los tribunales. O que se cuestione de forma organizada la legitimidad y justicia de las condenas impuestas a asesinos y cómplices. Una cosa es que la democracia española no sea militante, y otra, que sea blanda.

Todo esto tiene una explicación en el proyecto conjunto que la izquierda española y la izquierda proetarra trazaron hace tiempo, cuando Zapatero ofreció a una ETA moribunda el oxígeno de la negociación necesaria para lo que hoy está pasando. El PNV, que sigue siendo burguesía conservadora a ojos de la izquierda, empieza a ver en este cortejo recíproco de EH Bildu y PSOE una amenaza a su hegemonía.

Tiene motivos para preocuparse, porque entre ambos subsiste como referencia el bipartito de los socialistas catalanes con ERC, que desalojó a CiU del poder autonómico. Y una vez en el poder, las competencias penitenciarias transferidas al gobierno vasco por Sánchez y Grande-Marlaska harán el resto, para que Otegi no quede como un bocazas y, en efecto, salgan los presos de las cárceles vascas.

Basta leer lo que escriben, oír lo que dicen y ver lo que hacen, unos y otros, para entender que los proetarras están en la coalición de Sánchez.

ABC