EL ODIO ANDA LIBRE

Aumentan los delitos de odio por razones de sexo o de ideología y el resentimiento anda libre por las calles y las redes. Las pintadas de la Transición contra políticos han sido sustituidas por los memes. La ley de fugas, las sacas, son ahora paseos por internet.

El odio entre territorios y lenguajes, inculcado en las escuelas, la chatarra retórica de las dos Españas, configuran un diario festival de ciberbullying. Bajan los chulos con camionetas virtuales para dar estopa a todas las horas, te insultan y vuelven a los 10 minutos. Cada día se emiten miles de tuits con difamaciones.

Escribe en El PaísJuan José Mateo, que los diputados novatos se entrenan para estar preparados cuando los machaquen en sesiones de filibusterismo y de caza al adversario. El rencor es la forma de relacionarse en un nación que tiene fama de cainita con unos habitantes que suelen odiarse a sí mismo y a su propio país.

Los políticos se injurian en el Parlamento, en los debates, en los mítines, pero es en las redes donde la política adquiere un tono tabernario, de manflería o de patio de talego. En los trolls no hay perdonavidas, sino auténticos matones. A las políticas, en cuentas falsas, les llaman zorras, a ellos felones, y a todo el que destaca en algo, cosas peores. Esa misantropía nacional es muy intensa.

La practica gente anónima, psicópata, envidiosa que parte de una idea desdichada, y es que pensando lo peor de los otros, siempre se acierta. El bloqueo de las últimas legislaturas e investiduras tiene más que ver con la aversión entre personas que con el choque de principios. El aborrecimiento sigue envenenado la política en uno de los países que más se ha matado por ella.

País envenenado por la tirria que como ya se dijo odia a los mejores, sigue a los ruines y vota con delectación a los desleales. Peor lo que ocurre en otros países, como en Colombia y otras naciones hispanoamericanas, donde asesinan a los candidatos que hacen su campaña en las redes sociales. No somos la excepción ni el odio es un producto nuevo, pero aquí resplandece más.

Cuentan que Empédocles, siciliano, racionalista y materialista, discípulo de Pitágoras, se arrojó al cráter del volcán Etna, después de insistir en su teoría de que el odio era la causa de la descomposición. El filósofo posmoderno, vegano, decía que había sido muchacho y muchacha, arbusto y pájaro, que había habitado en el mar. Se adelantó 2.500 años a los que descubrieron que estamos aquí porque un grupo de peces tenía una aleta que pudo transformarse en las piernas de unas criaturas terrestres.

Raúl del Pozo (  El Mundo )