EL OMBLIGO

En esta casa hay unas normas, uno no puede hacer todo lo que quiere, uno no puede tener todo lo que le gusta, comparte con tus hermanos, no seas tan presumido… Estas son cosas que se dicen a los niños pequeños, que, lejos aún de la madurez, tienden a querer para sí toda la libertad y ninguna responsabilidad, a ser egoístas y narcisistas, acreedores de todo y deudores de nada.

Bajo esta luz, el nacionalismo es un infantilismo. Y el infantilismo es un ombliguismo: el niño piensa desde la contemplación satisfecha de su propio ombligo, que le faculta para desear todo incondicionalmente para él con indiferencia o desprecio hacia los demás.

En Cataluña ahora, una buena parte de la sociedad está comportándose bajo la influencia de un virulento ataque de ombliguismo infantil. Y, como el ombligo tiende a lo circular, tenemos delante una perfecta geometría de círculos concéntricos: el ombligo del nacionalismo y, dentro, el ombligo de Carles Puigdemont.

Este fin de semana, dado el ambiente reinante -y no sólo el nacionalista-, he considerado oportuno leer Contra el fanatismo (Taurus), del siempre agudo, preciso y divertido Voltaire. Lo recomiendo.

Por cierto, Voltaire cuenta que monseñor Luis Antonio de Noailles (1651-1721), obispo de Chalons, mandó retirar y arrojar al fuego el presunto ombligo de Jesucristo, que se veneraba en una iglesia. A orillas de la Ilustración, fue una decisión razonable. Pero los buenos feligreses de Chalons le montaron un pollo del 15. El fanatismo es un gran productor de reliquias, incluso verdaderas.

Como el domingo es un buen día para las preocupaciones ociosas, a mí me dio por pensar en algo que Voltaire no se plantea: ¿Tuvo Jesucristo ombligo? No es una cuestión tan tonta como parece. Si Jesús nació sin truncar la virginidad de María, sin romper ni atravesar su himen, mal pudo tener ombligo, pues tampoco hubo de tener cordón umbilical.

Por una cuestión como ésta, hace nada se organizaba una secta de creyentes o de no creyentes en el ombligo de Jesucristo y una noche cualquiera miles de cristianos degollaban a otros por creer o no creer en tal cosa. Algo hemos avanzado, aunque tampoco tanto. Hoy hay mucho fanático, y no siempre pertenece a una secta religiosa. Me preocupa, de todas maneras, saber si toda la iconografía, toda la gran pintura religiosa que representa a Cristo crucificado con ombligo es realista o no, está acertada o no.

Algún día, deseo que muy lejano, quizás algunos veneren el ombligo de Puigdemont. Aunque no, ya se le venera.

Manuel Hidalgo ( El Mundo )