Podría haber titulado esta colaboración… “El crepúsculo de la civilización” porque ya ningún comportamiento puede ser juzgado, medido, comparado y mucho menos condenado atendiendo a la moral o a la ética, ni siquiera al sentido común, porque nada hay fuera del ser humano en su denigración. En esto consistiría para muchos la gran liberación y la única manera de restablecer la inocencia del devenir.

No creo que haya mejor palabra para expresar esto que dan en llamar ORGULLO GAY, que calificarlo de ESPERPENTO. Producto de oferta o marca distintiva que da espacio a la deformación de la realidad, recargándola con los rasgos más grotescos y absurdos posibles, a la vez de ofender los valores éticos y morales más elementales por sus abundantes actitudes y expresiones soeces y malsonantes.

Espectáculo donde todos los que participan, sean o no protagonistas, se entrecruzan, se mueven en la ambigüedad, puesto que el tiempo de las certezas, según se dice, ya ha pasado, y sólo queda moverse en la perspectiva de la ausencia de sentido, en un mundo donde todo se considera provisional y fugaz, lejos del viejo optimismo racionalista.

Actitud potenciada por la experiencia del mal, que no queriendo caer en la desesperación, y desconfiando de que haya otra forma de ver la vida, se asume un pensamiento débil, auxiliado por una estética grotesca ante la vida, que no es otra cosa que el rechazo directo a toda certeza. Nihilismo en estado puro.

Y por lo que respecta a la segunda parte del título de esta colaboración, algo debería hacer la CTC (Comunión Tradicionalista Carlista) respecto a la retirada del busto de DON JUAN VÁZQUEZ DE MELLA de su lugar de ubicación, hoy denominado Plaza de Pedro Zerolo, con el fin de ubicarla en otro lugar que no se preste a confusión respecto a la naturaleza sexual e ideología política del gran tribuno tradicionalista carlista.

Eso, o instar al señor Alcalde de Madrid que vuelva a poner a la  plaza su nombre original.

Pablo Gasco de la Rocha ( El Correo de España )