EL PANDERO AL AIRE

Hay una pregunta que ronda a muchos estos días. ¿Si hubiera aparecido Arnaldo Otegi en la manifestación del Orgullo hubiera recibido el mismo tratamiento que los integrantes de Ciudadanos? ¿Le hubieran mostrado un culazo de mitrofán pasado por la epilady? ¿Le hubieran bañado en heces y orines? Me temo que no.

Por eso, tampoco sorprende que Bildu haya sido el primero en promover el boicot a Woody Allen por los falsos abusos (porque nunca fueran probados) a su hija adoptiva Dylan Farrow. El identitarismo redime hasta a los que no condenan los asesinatos.

Alguna vez comí tortilla con Giscard D?Estaing. A él le gustaba baveuse por lo que solía apurar el centro y desdeñar los bordes, ya lo saben, bastante secos. Es rica la metáfora. ¿Verdad? Entonces, le decíamos de broma: «Usted no tiene el monopolio del corazón» en recuerdo de la frase que el propio Giscard le soltó a Mitterrand en el debate de las presidenciales francesas en 1974.

La izquierda radical (como dice nuestro Arcadi Espada, «cien sujetos presuntamente revolucionarios que apenas ocultan la áspera verdad disponible -no hay sujetos revolucionarios porque ya no hay revolución-») sigue tratando de expropiar el corazón a cualquier alternativa.

Ser gay (mejor dicho: LGTBIQ) es ser de izquierdas. Ser feministas es de izquierdas. Ser ecologista (lo que signifique esta palabra) es de izquierdas. ¿Y qué es ahora la izquierda? Precisamente lo contrario: lo más reaccionario. Lo más excluyente.

En 2005, cientos de miles de personas se manifestaron en contra del matrimonio homosexual. «Es Adán y Eva. No, Adán y Esteban», gritaban lo más motivados copiando (y traduciendo) un viejo lema que ya habíamos escuchado a Ru Paul en But Im a cheerleader, una excelente película de 1999 que explicaba los sentimientos encontrados de una conservadora frente a su homosexualidad.

Hoy una parte importante de esos manifestantes de la familia tiene un hijo, un sobrino, un primo, una amiga, una hija que es homosexual. Incluso la transexualidad se trata ahora con bastante normalidad en los entornos conservadores.

El problema de los gaytasunos (o las bollobarrokas, como reivindicaba con muchísima razón Lidia García) es que no van a devolver a los homosexuales de derechas al armario ideológico sino que van a volver a sacar a los padres fachas del mismo.

La derecha siempre va a ser mejor compañía que el nacionalismo. Una pena que la izquierda no se de cuenta.

Emilia Landaluce ( El Mundo )