Antes de que la pandemia del Covid obligara a modificar cualquier planteamiento macroeconómico, el paro juvenil ya era uno de los problemas estructurales de España.

La crisis sanitaria no ha hecho sino disparar una variable que en el tercer trimestre del año llegó al 40,5 por ciento de los jóvenes de entre 16 y 25 años, más del doble que la media europea.

La situación es crítica en comunidades como Canarias (61,7) o Andalucía (51,5), porcentajes que documentan la creciente desigualdad que el desempleo genera en la pirámide poblacional.

Son los jóvenes, primeras víctimas de la crisis derivada del Covid-19, quienes han de protagonizar el proyecto de reconversión económica que España demanda para salir de este trance.

Por ellos y por los demás. Incidir, como hace el Gobierno de Sánchez e Iglesias, en el carácter asistencial del Estado es el camino más directo para cronificar el abandono de quienes necesitan proyectos, no ingresos mínimos y subsidios.

ABC