EL PARTE DE LA VICTORIA DE SÁNCHEZ

Dicen que la campaña electoral de las generales del 10-N empezará el día 1, fiesta de Todos los Santos. Eso se lo dirá usted a todas, Junta Electoral que permite que Sánchez utilice la ruptura de la paz de los muertos como elemento de su campaña.

Campaña que empezó justamente en el momento en que Soraya dejó su bolso sobre el vacío escaño de Rajoy, que ni estaba ni se le esperaba mientras lo mandaban de vuelta al Registro de la Propiedad, sacándole el pañuelo verde de la moción de censura.

Hombre, ya puestos a señalar una fecha para el inicio oficial de esta campaña que dura desde tiempos de Rege Carolo y que nos tiene a todos ya hartos, mejor que hubiera sido el 2 de noviembre, Día de los Difuntos.

De hecho, Sánchez, que ejerce una nueva dictadura de un régimen que me huelo que quiere construir sobre el solar de la Transición, adelantó el inicio oficial de su campaña electoral al poner el Día de los Difuntos el 24 de octubre, cuando sacó a Franco de Cuelgamuros, con lo olvidado que estaban Franco y el Valle de los Caídos, y lo superado que andaba todo aquello por la concordia nacional del pacto de reconciliación de la Transición; hasta que vino Zapatero con la ley de Memoria Histórica, que Rajoy luego no se atrevió a derogar a pesar de su mayoría absoluta, que podía y debía haberlo hecho perfectamente, y nos encontramos de nuevo con las dos Españas cara a cara, enfrentadas, helándonos machadianamente el corazón.

¿Y las mentiras? Prometieron que la exhumación del General Franco sería en la intimidad familiar y sin prensa. Como son unos artistas en hacer lo contraigo de lo que anuncian, y No Passssa Nada, convirtieron en un espectáculo mediático la que Sánchez ha proclamado como la «Victoria de la Democracia». ¿Victoria de la democracia desenterrar a un muerto?

Victoria de la democracia fue el clima de concordia y reconciliación constitucional que se pactó en la Transición, ya tan lejana como aquel día del lacrimoso anuncio de Arias Navarro por TVE el 20-N de 1975. Sánchez plantó 22 cámaras, 22, en Cuelgamuros para que viésemos en directo su Parte de la Victoria del Odio, de la Revancha.

Lo de Caracol el del Bulto a la estampida de vapor de la locomotora de Despeñaperros al llegar a Atocha: esos cojones, cuando Franco estaba vivo y no daban la cara más que los comunistas; y, en el final de su dictadora, un poco el PSOE, apoyado por Washington y Bonn como solución de izquierda para el futuro de España.

¿Ahora un roneo de «victoria de la democracia» con la profanación de un lugar sagrado y de una tumba, ante el clamoroso silencio de la Conferencia Episcopal y sabe Dios qué pactos del Papa Francisco con Carmen Calvo cuando fue a pedirle la venia al Vaticano, me imagino que por lo menos a cambio de archivar las exigencias del IBI a los bienes de la Iglesia?

Sánchez ha firmado su parte de la Victoria del Odio y de la Revancha sin el tararí del cornetín de Radio Nacional ni la voz de Fernández de Córdoba, pero lo mismo desde el otro lado. Es como si hubiera ganado la guerra que perdieron. Reescribir la Historia es su especialidad, desde la malhadada Ley de la Memoria.

Este parte de la Victoria no ha traído «prendidas cinco rosas», sino trece, con la mala suerte que da el trece. Las cámaras de todas las televisiones daban en directo el mitin visual del ataúd como inicio de la campaña de Sánchez. Isabel, mi mujer, pasó un largo mal trago, pegada al televisor, acordándose de su abuelo y de su tío, asesinados por las hordas del Frente Popular en Guadalcanal por ir a misa o por haber fundado Falange en la Universidad de Sevilla. Isabel estaba deprimida viendo el circo o la película de Berlanga montada por Sánchez. Conmocionada por los recuerdos familiares y el dolor, al final me dijo exactamente lo mismo que Luis Felipe Utrera Molina: «Menos mal que mi padre murió antes de que tuviera que ver esto…».

Antonio Burgos ( ABC )