EL PERFUMERÍAS

Sí, ya lo sé: la mayoría de los catalanes han votado contra el separatismo y ellos son sus primeras víctimas. Pero dos millones permanecieron todavía fieles el pasado 21-D a un nacionalismo sectario y desquiciado, que intentó un golpe de Estado, pisoteó las leyes españolas y las catalanas y provocó un éxodo empresarial que hará muchísimo daño a Cataluña.

La opción xenófoba y antiespañola fue de hecho la que obtuvo más escaños, a pesar del esperpento de un presidente a la fuga, o de la palmaria cobardía de sus paladines, que se arrugaron en cuando llegó la ley (véase Forcadell). En Cataluña se ha puesto de moda hablar de sentimientos, se da prioridad a las emociones afectivas. Pues bien: si te dedicas a tiempo completo a zaherir a tus vecinos, a crear problemas artificiales, a ir de víctima cuando eres una región privilegiada, el resultado es que acabas volviéndote odioso ante aquellos que sistemáticamente desprecias.

He hablado con amigos y conocidos gallegos, madrileños, andaluces, vascos… personas de diversas edades y opciones políticas. Es un clamor: los españoles de a pie están hasta la zanfoña del procés, del holograma y el sainete de Puigdemont, de las trampas del Parlament, de los lacitos amarillos, del aquelarre insolidario, las cifras falseadas y la chulería displicente.

Y no se equivoquen: al provocar esa pérdida de simpatía, el nacionalismo hace un terrible daño a Cataluña, económico y moral. La que era la región más admirada es hoy la que provoca un cambio de canal instantáneo en cuanto llega el festival diario del disparate. Tal vez es tiempo de que los medios españoles bajen el volumen al insufrible procés y presten atención a otros asuntos, más relevantes y de interés bastante más general.

Luis Ventoso ( ABC )

viñeta de Linda Galmor