La caída del 11 por ciento del PIB español durante el año pasado es un dato verdaderamente alarmante.

La nuestra es la peor economía de la OCDE, la que cuenta con un pronóstico más insolvente a corto y medio plazo, y jamás se había registrado una caída similar en tiempos de paz desde la Guerra Civil.

Poco más se puede decir que nuestra economía más parece propia de tiempos de guerra que de una democracia sólidamente asentada en una globalización capaz de generar sus propios anticuerpos contra la crisis.

Con todo, igual de preocupante que la constatación de las cifras y el diagnóstico es la parálisis del Gobierno.

Todo en Moncloa siguen siendo promesas incumplidas, compromisos irrealizables, maquillaje de las cifras y venta de humo mientras cada día cierran cientos de empresas ahogadas por el Covid y por la demagogia socialista.

¿Qué necesita el Gobierno para admitir la verdad de que España está en bancarrota?

Negar la evidencia nunca es buena política.

ABC