EL PIN ES JUNQUERAS

El Gobierno ha sacado a pasear la superioridad moral de la izquierda y así distraer de lo que está haciendo para satisfacer al sedicioso de Lledoners. El «pin parental» del Gobierno lo está utilizando Junqueras, desde la cárcel, anunciando otro golpe y dejando claro que la primera vez no fue un sueño, como sentenció el Supremo. El supremacismo nacionalista usa la gobernabilidad de España para su último fin.

El nombramiento de la ministra de Justicia como fiscal general -una diputada en ejercicio de sus funciones que votó sí a Sánchez una semana antes- con el objetivo de frenar a los jueces y tener contento a Junqueras es el principio de un camino que acabará en un referéndum de independencia que rompa el candado del 78.

La oportunidad para el escándalo se la ha brindado Vox, que, con su obsesión por derribar también todo lo hecho por el PP de Rajoy -en este caso la ley de educación-, echa otra mano más a la llamada «coalición progresista». El tono gritón del ministro Ábalos durante su intervención ante los socialistas murcianos confirma que en el laboratorio de La Moncloa han encontrado un primer filón con el llamado «pin parental» que Vox ha colado en la educación de Murcia, y que de igual forma pretende colocar en Andalucía o Madrid.

Lo que es habitual, una autorización o permiso para cualquier actividad extraescolar, se ha convertido en un barrizal ideológico. Mientras la apisonadora etnolingüística elimina los restos del castellano en Cataluña, la ministra de Educación no solo amenaza a Murcia con quitarle la competencia en educación, sino que arrebata a los padres el control sobre unos hijos a los que, por cierto, si les dices no, los estarás censurando.

La superioridad moral de la izquierda dicta que los padres deciden si los hijos pueden o no nacer, haciendo del aborto un derecho, para después darlos en custodia al Estado, que los pasará por el molde uniformador. El «pin parental» de Vox oculta lo fundamental en esta cuestión: el derecho de los padres a la libre elección de la educación de sus hijos, incluyendo las actividades extraescolares programadas, por supuesto cumpliendo con la legalidad aprobada por el Parlamento.

Esta es una posición que ha defendido el PP y que no debería abandonar, por mucho que le empujen desde Vox, que pretende ejercer el papel contrario a lo que dicen combatir, ejerciendo una presumida superioridad moral por la derecha. El Gobierno necesita este escándalo y cualquier confrontación ruidosa que tape que un sedicioso es su pin parental.

Juan Pablo Colmenarejo ( ABC )