EL PIN-PAN-PUN

Echándole un ojo al panorama no faltan motivos para alborotarse. Pero el ya celebérrimo «pin parental», que desvela a la «coalición progresista» y a su compungido tertulianismo, es una polémica organizada desde el aparato gubernamental. Una maniobra de distracción zafia, pero eficaz, cuyo objeto es tapar las debilidades del sanchismo. Hay motivos para el alboroto, sí. Pero son otros:

– En vez de hablar del pin podríamos hablar de la economía, que estornuda desde que emprendimos el «ilusionante giro a la izquierda». España fue ayer el país desarrollado al que el FMI más recortó las previsiones.

Con el don Tancredo que no hacía nada, el viejo Mariano, salimos de la crisis y desde 2015 enlazamos tres anualidades creciendo por encima del 3%. En 2018, ya con medio año del dinámico y apolíneo Sánchez, caímos al 2,6% y, según el FMI, el 2019 se ha cerrado con un 1,7%. En empleo, la EPA del tercer trimestre trajo el peor dato en siete años. La compra de viviendas, termómetro del pulso económico, pinchó un -9,3% en noviembre.

– En vez de hablar del pin podríamos estar hablando de que Junqueras, el preso que sostiene al Gobierno, acaba de pregonar que jamás renunciará a repetir su sedición de 2017 para lograr la independencia. Lo ha recalcado con un lenguaje soez y amenazante, recordándole a Sánchez que tendrá que darle en la mesa de negociación lo que él espera. ¿Y qué espera? ¿Cabe en la Constitución lo que ha prometido Sánchez a ERC bajo cuerda? No lo sabemos. Aquí lo importante es el pin.

– En vez de hablar del pin podríamos hablar de la maniobra antidemocrática de colocar a una pésima ministra socialista, tres veces reprobada, al frente de la Fiscalía General del Estado, para que la mangonee al servicio de las componendas de Sánchez con los separatistas. O de que toda la carrera fiscal, la zurda y la diestra, condenó ayer la rampante burramia jurídica del ministro Garzón, que el domingo declaró en la televisión colorada que la Fiscalía depende del Gobierno y no del poder judicial. Hasta los fiscales de su cuerda han expresado «sorpresa e indignación».

– En vez de hablar del pin podríamos denunciar la cacería del Gobierno socialcomunista contra los jueces, cuyo argumento totalitario es que aquellos que no comparten el credo progresista no son válidos.

– En vez de estremecernos con el pin podríamos alarmarnos por el sistemático adoctrinamiento nacionalista en las aulas de algunas comunidades autónomas, fenómeno ya endémico que el PSOE jamás ha denunciado o combatido. O del proyecto de ingeniería social que anima a este Gobierno, que si pudiese haría decretos ley hasta para regular nuestros sueños.

Los sabios militares de antaño -Sun Tzu, Von Clausewitz- ya advertían que la guerra es «el arte del engaño», donde las «maniobras de distracción» son cruciales. El redondismo lo sabe y ha convertido el pin en un McGuffin a lo Hitchcock. La tarea estelar de este Gobierno es ejercer de oposición de la oposición.

Luis Ventoso ( ABC )