EL PLAGIÓN

Diversión en aumento. Arcadi Espada descubre la mejor coña en la tesis doctoral plagiada del irascible doctorzuelo. La referencia a uno de sus autores preferidos. El muy prestigioso Voir M. Granovetter, que figura en la bibliografía de su tesis. Voir M. Granovetter, cuyos libros ocupan una buena parte de la mesilla de noche del doctorcete, no existe. Sí, en cambio, M. Granovetter, sin el Voir delante. Voir es recomendación, no nombre. Voir, Ver, en francés. Supongamos que por capricho o simpatía intelectual de los negros que han redactado la tesis sanchista, estos se decantan por incluir en su relación bibliográfica de autoridades a Leandro Fernández de Moratín, que figura en la bibliografía como Ver Leandro Fernández de Moratín.

Don Ver, el autor del «Sí de las Niñas», que a cuento viene por aquello de la página con membrete del Consejo de Ministros iluminada por corazoncitos, Papi, te quiero, y mola. Sin soltar el cabo argumental, una recomendación. El salón donde se reúne el Consejo de Ministros se ubica en lo que llaman los cursis el «Complejo Moncloa», pero no en el Palacio donde habita la familia presidencial. Es decir, que para dejar pintarrajeada con esas chorraditas sentimentaloides la hoja sobre la carpeta de Papi, hay que abandonar el Palacio, rodear los setos de rododendros, pasar bajo los cedros del Líbano, encarar sin temor el paseo de los plátanos y llegar al fin, al anexo, se llame «Semillas» o «Cogollos», que poco importa.

Tiene más mérito el mensaje de amor después de tan larga andadura, y resulta conveniente resaltarlo. Y con las niñas, lo reconozco, también me he despistado. Me las figuraba parvulitas, de saltos a la comba y juegos al escondite. Pero no. Están crecidas y palmerales, y no tienen edad para escribir esas tontaditas elementales, por mucho que quieran a Papi, que lo quieren mogollón, según he leído en «El País» y visto en los ojuelos picarones de la gran política y portavoz del Gobierno, señora Celaá, tan culta que tiene una «a» más que Cela, y para colmo, acentuada.

Me temo –es un decir sin sentirlo-, que mucho le va a costar al doctorín salir indemne del laberinto de su impostura. Si pretende superar la ética con la aritmética, está en su derecho a intentarlo, pero va a quedar muy mal. En cualquier caso, lo de quedar mal lo va a conllevar sea cual sea su decisión. Le recomiendo que nombre una comisión de expertos con Federico Mayor Zaragoza, ilustre franquista amnistiado por el rencor, como presidente de la misma. Vicepresidenta, Carmen Calvo, y de relleno los expertos que han expertizado sin demostrar nada que la Mezquita y Catedral de Córdoba no pertenece a la Iglesia. Y si se diera el caso, muy improbable, de que Mayor Zaragoza resignase su ofrecimiento –los acepta todos-, buscar con urgencia a Voir M. Granovetter, el autor preferido del bello doctor en duda, aunque no exista.

He leído una sabia reflexión en una de las redes sociales que mendan e imperan en nuestra vida cotidiana. Reflexión muy retuiteada, y con merecimiento. «Quitadle al Gobierno de Sánchez la profanación de tumbas, su victoria sobre unos huesos, los viajes en aviones militares para asistir a conciertos de sudor y litronas, las dimisiones de sus ministros, las rectificaciones, las bombas que no matan a yemeníes, los currículos inventados, su obsesión anticristiana, su amor por los yihadistas, su sumisión por los separatistas y el despelote de su tesis. ¿Qué queda? Nada».

Pues sí, queda mucho, y posiblemente, lo peor. Queda el tiempo suficiente para arruinar y entregar a España. Queda tiempo suficiente para honrar y subvencionar a Otegui. Queda tiempo suficiente para entregar la economía a los podemitas que han quebrado Venezuela, una de las naciones más ricas del mundo. Queda tiempo suficiente para cerrar los medios de comunicación independientes… queda bastante, muchísimo.

Pero mola, te quiero, Papi.

Alfonso Ussía ( La Razón )

viñeta de Linda Galmor