Me comparten una rueda de prensa de Enrique Ossorio, consejero de Educación de la taifa madrileña, en la que el citado político se rasga las vestiduras por unas determinadas medidas grotescas que introduce el currículo de la nueva ley educativa socialista, y que, al parecer sincero de Ossorio, aboca a las futuras generaciones a la mediocridad (como si no lo hubiesen hecho ya las leyes precedentes, entre las que consta una de los populares).

“Es una auténtica cruzada contra la calidad de la enseñanza”, afirma el político del PP, que parece presentarse como némesis del Gobierno central, como paladín de la excelencia educativa, frente a los desmanes social-comunistas.

Este Platón burócrata, al que, por cierto, no conocemos ningún tipo de formación que le habilite como consejero/augur de Educación, denuncia que el nuevo currículo impulsado por PSOE y Podemos suprime la regla de tres, los números romanos, los dictados, los prefijos, los sufijos, las conjugaciones y el análisis sintáctico. Por el contrario, se potencia el compromiso de los alumnos con el desarrollo sostenible y la convivencia igualitaria y pacífica en el marco de los Derechos Humanos.

Las matemáticas tendrán un enfoque socioafectivo para ayudar a los alumnos a gestionar sus sentimientos; las ciencias naturales y sociales estarán destinadas a empoderar a los alumnos como agentes del cambio “eco-social”; y se introduce una materia llamada Valores cívicos, que adoctrinará sobre la identidad de género desde la primaria.

Pero no cabe a ningún ciudadano madrileño, ni español, llevarse a engaño con la filípica de este pepero, que ha sido muy aplaudida y difundida en Twitter por el batallón cultural girautista, esa corriente pija, esnob, liberal-petulante, tan representativa de cierta sociología española (y a la que algún día esperamos poder dedicarle un artículo, por su trascendencia como valladar a una auténtica oposición política e intelectual al Matrix progre).

Ossorio hace bien en tirarse de los pelos, pero la perspectiva del historiador siempre suele ser superior a la del político y la del periodista, que son consumistas fast food de la actualidad exenta, desmembrada de su genealogía. Desde una perspectiva integradora de los sucesos del presente en su propia cadena histórica, la realidad adquiere una luz inusitada, clara.

Aplicando el ejercicio de la memoria, la preocupación de Ossorio se revela plenamente farisaica. Pues el PP ha gozado de varias legislaturas con mayoría absoluta que sirvieron para profundizar los surcos de la subversión pedagógica, en vez de para revertirla, dejando el terreno perfectamente arado para que, a su vuelta al poder, la izquierda siguiera cosechando en el huerto delirante que es la Educación desde que esta fuera entregada a los pedagogos, tan bien considerados por el PP, que les ha cuidado igual o más que sus rivales.

En la convocatoria de empleo público recientemente lanzada por la consejería de Ossorio, se lee: “Los opositores de la próxima convocatoria serán la primera promoción que realice el Plan de Capacitación Integral Docente -MIR educativo- iniciativa que aplicará el Gobierno madrileño en el próximo curso escolar 2022/23, con formación específica, habilitante y evaluable para los nuevos profesores y maestros durante su primer año en el sistema educativo.

El objetivo es garantizar la calidad de la educación, de manera que los docentes en prácticas que se van a incorporar al sistema adquieran las competencias y técnicas pedagógicas adecuadas a través de diferentes herramientas, con diferente formación sobre digitalización o las actualizaciones de contenido”.

Para este fariseo, la calidad de la enseñanza es igual a competencia pedagógica, formación en digitalización y actualización de contenidos. La ministra socialista de Educación no cambiaría una letra de este credo, que es el mismo que lleva dando forma a la filosofía educativa los últimos treinta años, en los que se ha producido el desmantelamiento violento del sistema.

Pero para los fariseos, las palabras conforman la realidad. Vale mencionar el sintagma “calidad de la enseñanza” y criticar con deje sarcástico los dislates del nuevo decreto, enfrentados a esa calidad indefinida y abstracta, para estar en el lado correcto de la Historia, y para ser aplaudido por los del batallón cultural, que han cursado sus formaciones en universidad privada y/o extranjera, y que ahora vienen a dar lecciones de patriotismo con sus pulseritas de la bandera y su oposición histriónica a una izquierda que consideran poco moderna por su política fiscal.

¿Qué hace el nuevo currículo del gobierno si no actualizar los contenidos al espíritu de los tiempos, y quién si no la pedagogía, jamás discutida ni estudiada ni conocidos sus efectos por los fariseos liberales, ha apuntado que la educación ha de ser reflejo de la sociedad, plegándose a sus tópicos y fuerzas?

Ay, ese progresismo silenciosamente asumido, esa latría por lo nuevo, confundido con lo bueno, que comparte Ossorio en igual medida que sus adversarios políticos, es la semilla de todos los males que corroen a la enseñanza, y por extensión, a toda la cultura contemporánea.

Para otro día dejaremos la descripción del destrozo que ha hecho el PP en el sistema educativo madrileño, y su entreguismo cipayo al inglés y la angloesfera, operación que nos parece políticamente más funesta y culturalmente más lesiva que las matemáticas con perspectiva de género (una cosa inaplicable, y por tanto, un brindis a la galería que, eso sí, no se le hubiera ocurrido ni a André Bretón).

Este suceso nos sirve para acreditar, una vez más, que los liberales, como dejó escrito para el molde de la eternidad Vázquez de Mella, ponen tronos a las causas y cadalsos a las consecuencias

El PP (como sigla representativa del liberalismo conservador) es el destilado del fariseísmo aplicado a la política.

El liberalismo es el cómplice necesario del progresismo, aherrojado a él por la inercia de unos tiempos emancipados de condicionantes tradicionales, y por su carencia de convicciones que permitan no ya una contraofensiva, sino la pura resistencia.

La tenaza liberal-progre o progre-liberal tiene dos brazos, pero como toda tenaza funciona con la lógica implacable de la unicidad.

César León de Castro ( El Correo de España )