Una cuestión es el electorado del partido naranja y otra las ratas que han provocado el desastre y  huyen para volver a embarcarse en un proyecto político del que no merecen ser parte. El Partido Popular yerra pensando que al acoger elementos como Fran Hervías va a satisfacer de algún modo a los decepcionados exvotantes de Cs. Se equivoca, pero más preocupante es la deformación moral que impide la coherencia en un partido que parece ir a la deriva con el tibio e inconsistente Casado.

El Partido Popular no parece que quiera comprender cuál es la causa de sus fracasos, de sus ligerezas, de la lamentable imagen de hipocresía y del efecto producido por la falta de compromiso con el electorado, harto de los vaivenes ideológicos que parecen reflejo del oportunismo que ha exterminado a un inconfiable Ciudadanos.

Quizá la marcha hacia el autoexterminio sea más lenta que los récords de Rivera y Arrimadas, pero llevan el mismo camino hacia un horizonte de disolución proporcional a lo recorrido, impactando desfavorablente en afiliados y simpatizantes.

No comprenden el hartazgo de los ciudadanos ni poseen el sentido común para ponerse en el lugar de cuantos han desistido de creer en la decencia de Pablo Casado y su troupe de circenses malabaristas. Malabarismos por mantener una hegemonía en la oposición, convertida en el circo de Sánchez cuando ha jugado las bazas de la trampa política para que el PP vuelva a demostrar la insolvencia de unos líderes sobrepasados por las argucias sanchistas y bolívarianas.

Un PP que ha perdido terreno frente al ímpetu sólido de las ideas fijas que inspiran a un VOX que demuestra lealtad para escuchar las protestas de cuantos desertan del PP, siguiendo la corriente de las exigencias que ni Rajoy, ni Casado, supieron satisfacer.

Cada vez más agravado por la desastrosa y trágica situación de pandemia primero y liberticidio después que este desgobierno criminal ha provocado, usando estrategias para dinamitar el Estado de derecho con el estúpido beneplácito de los exinquilinos de Génova, más ocupados en mantener el pulso político con los afines que en frenar la demolición que se practica impunemente desde La Moncloa, guarida de sospechosos que acumulan innúmeros indicios delictivos. 

De esa estulticia se acrecientan las incongruencias cuando el partido de un fracasado liderazgo de Casado, todavía no acuciado por reticencias internas que se irán incrementando, pretende el trasvase de votos que pierde Ciudadanos acogiendo en sus filas desertores como Hervías, oportunista donde los haya que lejos de la encomiable dignidad de Toni Cantó, abandona el barco naranja sin un mínimo de legitimidad personal para embarcarse en el de la gaviota.
Y no piensa el PP que si recoge como naúfragos a las ratas, terminará espantando a los potenciales votantes que renuncian al partido de Inés Arrimadas, precisamente por aquellos que dirigieron nefastamente la singladura contra los arrecifes de la deslealtad política y personal.
¿Naúfragos como ratas para volver a meterlas en la embarcación que se pretende llevar al buen puerto de la confianza perdida, siendo politicastros como Hervías responsables del desastre?
Teodoro Egea, Cuca Gamarra, el propio Pablo Casado ignoran las verdaderas razones por las que Ciudadanos se ha hundido, porque practican las mismas estrategias de oportunismo puntual que han espantado a cuantos se confiaron de la decencia de una Inés Arrimadas que no ha podido caer más bajo.
Así los populares toman el testigo de próximas derrotas y se juegan, en justicia, ser sobrepasados por VOX para convertirse en líder de una oposición verdadera. No creo que me equivoque si vaticino una debacle de Casado con un vuelco de intencionalidad política coherente, visible en Isabel Díaz Ayuso que sabe bien dónde está el enemigo al que combatir y el aliado al que hay que alentar.
Toda unión es poca para combatir el verdadero mal socialcomunista que destroza España.
Ignacio Fernández Candela ( El Correo de España )