Pedro Sánchez empieza a resultar tan cansino como los protagonistas de las telenovelas latinoamericanas en las que el guapo de la serie solo sabe hacer poses y poner énfasis a frases insustanciales, pero se siente a gusto en su mundo artificial y le basta con tener una cámara delante para satisfacer sus sueños húmedos.

Ayer explicó a la humanidad que su nuevo gobierno va a ser el «no va más», pero no dijo nada de la historia real de una decisión constitucional que en democracia resulta imperativo explicar y luego someterse a las preguntas de los periodistas.

Sánchez siente alergia a la prensa plural y se niega a dar explicaciones por miedo a las preguntas, incluso en circunstancias tan excepcionales como es una crisis de gobierno, pero le da lo mismo porque el pudor se pierde con la dignidad y la vergüenza dejan de tener valor para el sujeto que se considera liberado de esa carga.

El resumen que no contó dice que el primero en caer por el precipicio ha sido Iván Redondo, aunque les aseguro que no se ha despeñado voluntariamente. Le han seguido en la caída los talibanes del equipo más fieles como Carmen Calvo , Josė Luis Ábalos e Isabel Celaá, y también gente con peso como el ministro de Justicia, Juan Carlos Campo, que en estos momentos estará lamentando haber hecho un papelon impropio de un juez de carrera por un precio tan barato.

En cambio Sánchez se ha cuidado de mantener a Marlaska, que cuando ejercía de juez también se llamaba Grande, porque lo necesita para que siga haciéndole un trabajo que ya no tiene vuelta atrás.

Siguen en el gobierna los insustanciales del clan de Galapagar como cuota obligada y referente con el que compararse para salir ganando en la evaluación.

Este Presidente y sobre todo su persona se sienten desnudos de razones y argumentos para cumplir con su obligación de responder a la prensa y al parlamento, porque solo está moralmente dotado para leer discursos y eso es grave en un demócrata.

En lo que no repara Pedro Sánchez es en el desprestigio internacional que atesora cuando se comporta de forma tan anómala.

Diego Armario