EL PRECIPICIO

El problema de pagar un chantaje es que luego siempre viene otro. El problema de pagar un rescate es que es cuestión de tiempo que te vuelvan secuestrar. Los padres sabemos que los niños no sólo no dejan de querernos si les marcamos los límites y les regañamos cuando intentan sobrepasarlos, sino que nos quieren todavía más, y es así como crecen libres y seguros y no en la angustia, en la desorientación y en el caos de ser unos déspotas, unos estúpidos y unos maleducados.

Por no disgustar a Ciudadanos, y por no perder su apoyo electoral, el Partido Popular lleva un par de años malcriando a Rivera, aceptándole sus desplantes, su arrogancia, sus lecciones de ética de todo a cien, y pagándole los chantajes y los rescates. Con la idea de no perder a su socio en el poder, el PP se está dejando cocer a fuego lento, se está dejando arrastrar por el fango, se está dejando chulear por un niño sin límites por unos padres acomplejados que amaga con una pulcritud que se deshará como la más cínica de las mentiras el día que vayamos a reclamársela.

Rivera es un quinqui vanidoso de navaja y barriada al que nadie se ha puesto a pararle la fantasmada, y así crece en su ensimismamiento y sus envites que todos le salen gratis mientras el Gobierno se esconde en el rincón limitándose a suplicar el patético “por favor, no me haga daño”. El partido Alfa de España, el partido del sentido común y de los propietarios, está teniendo la suerte que merece por su terrible y devastadora dejación de funciones ante el populismo antipolítico que Ciudadanos encarna, frente a la destrucción de la convivencia basada en el humanismo, la compasión y la gestión de la imperfección, reformista y moderada, que Albert Rivera significa por su oportunismo ramplón, su doble rasero moral -o más bien inmoral- y su intolerable proceder de asaltacaminos de nuestra vida pública, con sus métodos inquisitoriales y sus cristales rotos destruir a sus adversarios -convertidos siempre en enemigos- en lugar de demostrar su talento y su validez en la confrontación de ideas positivas y fértiles, porque siempre ha carecido de ellas.

La pureza que Rivera reclama a los demás es la que todos los totalitarismos usaron para poner en cuestión las democracias que intentaron derribar con el pretexto de su decadencia y de sus imperfecciones, que naturalmente tenían, como cualquier obra humana, hasta la más imponente que hayamos conocido. Cada vez que el PP y el Gobierno le ceden un poco más de terreno, se lo ceden al totalitarismo de fondo al que inevitablemente conducen los populismos narcisistas de Ciudadanos y Podemos. Uno con el disfraz liberal, otro arrastrando las sombras del comunismo atroz y criminal: pero ambos con la misma antipolítica de fondo, con el mismo afán por echar a los discrepantes del terreno de juego bajo la acusación de que son indignos de la vida pública, y sin ningún proyecto realista de convivencia entre imperfectos y entre distintos.

Lo que le ocurra a Cifuentes me importa muy poco porque fue la primera en practicar con sus compañeros el populismo del que ahora es víctima. Retener la Comunidad de Madrid importa más -importa mucho- pero lo fundamental para el Partido Popular, y para el presidente Rajoy, tendría que ser preservar la dignidad de la política, la calidad de la democracia, el gobierno como un instrumento del bien, la vida pública como un espacio para el debate profundo y creativo. Si el PP no defiende estos principios esenciales de nuestro modo de vida libre, y que están hoy agonizando en España, asfixiados por sus dos totalitarismos, perderá su última medida de honor, su única razón de ser, y la Historia le juzgará como quien nos acabó de empujar al precipicio de las naciones que no defienden su libertad y al final nadie las defiende a ellas mismas de la oscura noche de la tiranía.

Salvador Sostres ( ABC )

viñeta de Linda Galmor