EL PRIVILEGIO CATALÁN

No gustará a los “indepes”, obvio;  pero ni siquiera a los nacionalistas moderados que tampoco quieren cortar amarras con España. Porque deja al descubierto el generoso maná proteccionista que durante siglos recibió la niña mimada de Cataluña y su ingrata respuesta separatista.

Pero tampoco gustará a los “peperos” y a quienes siguen creyendo con la fe del carbonero en el dogma de la derecha: “Extra Génova, nulla salus” (adaptación electoral de la frase latina “Extra ecclesia, nulla salus”, esto es: fuera de la Iglesia no hay salvación).

Porque Lainz llama a Rajoy “gran traidor a España”, al hacer como que aplica el artículo 155 en Cataluña, de cara a la galería, pero en realidad no ha valido para nada.

La crisis catalana, la mayor amenaza que ha sufrido la unidad de España en 40 años de democracia,  no se arregla con parches, sino con una cirugía a fondo, y -tirando por elevación- con una reforma del modelo territorial del Estado, que corrija el inmenso error de las 17 ruinosas ‘españitas’. Como ha dicho recientemente Aleix Vidal Quadras pronto tendremos que elegir entre pagar el Estado de las autonomías o pagar las pensiones… “y no me cabe la menor duda de qué elegirá la mayoría”.

El problema viene de antiguo, y Lainz lo expone con claridad en su documentado libro: El privilegio catalán. 300 años de negocio de la burguesía catalana.

Se remonta a la Guerra de Sucesión (ya saben Austrias contra Borbones, allá por el siglo XVIII) y desmonta el mito, a fuerza de puro dato. Explica que según la elaboración catalanista, “1714 significó el final de la soberanía catalana y el comienzo de la opresión española” … cuando en realidad, lo que empezó entonces fue  la prosperidad de Cataluña, que pronto se convirtió en la región más industrializada de España.

Y todo fue gracias a la política proteccionista del rey Borbón Felipe V, que dio un formidable  impulso al sector textil de Cataluña: «Gravaban los productos extranjeros para vender más los propios, a pesar de que los productos franceses e ingleses eran mejores y más baratos». O sea que eso de que ‘Espanya ens roba’… ‘res de res’.

Curiosamente, Cataluña fue en el siglo XIX la región más imperialista, más belicista y más patriótica del S.XIX. Eran, por ejemplo, los primeros en ir de voluntarios a Cuba y Marruecos.

Y cuenta Lainz que la prensa catalana en su conjunto fue la que más clamó por no ceder un solo milímetro a los separatistas cubanos. La misma prensa que al día siguiente de la derrota de 1898, dijo: “España es un barco que se va al fondo del mar, tenemos que romper amarras”

Ya estaba construído el perverso relato: España es un mal negocio, ergo, vámonos. Pero ¿a dónde? A una “nueva nación”… que no existía. Lo que había existido era la Corona de Aragón… pero nunca una República catalana. O sea que era preciso inventarse una Insula Barataria. Y otra cosa no, pero los románticos del siglo XIX tenían imaginación.

Y quien dice una nación, dice una doctrina, un agravio, un enemigo externo…

Y aquello fue el germen de lo que estamos viviendo ahora, gracias en buena medida a lo mucho que han engordado al nacionalismo los Gobiernos centrales (del PSOE y del PP) durante las últimas cuatro décadas, pensando que así aplacaban a la bestia secesionista.

Actuall el Brief

viñeta de Linda Galmor