EL PROBLEMA

Estamos ante un problema de orden público. Repito, se trata de un problema estrictamente de orden público». Por mucho que Grande-Marlaska lo repita 155 veces no va a dejar de estrellarse contra una realidad muy distinta.

No parece un simple «problema de orden público» que el jefe del Ejecutivo tuviera que entrar y salir por la puerta de Urgencias (toda una metáfora) al visitar a los policías heridos y que parte del personal «sanitario» que tiene que cuidar a esos agentes (da cierto pánico pensarlo) le grite y le insulte gravemente a Sánchez por los pasillos del hospital, sometido a un acoso que le acompañó hasta el coche.

Ni la bata blanca se quitaron para convertirse en jauría. La imagen del escolta acercándose a la ventanilla abierta con el subfusil en las manos da cuenta de la tensión vivida.

Y seguramente no es «un problema de orden público» que el presidente, segunda autoridad del Estado, tuviese que suspender su visita a la Delegación del Gobierno en Cataluña y volverse a Madrid porque el edificio está cercado por los separatistas.

Como no es un «problema de orden público» que desde hace una semana se hayan cortado centenares de carreteras o la vía férrea con barricadas de fuego o que los piquetes bloqueasen el transporte de mercancías camino de la frontera de España con Francia.

O que se tuviera que cerrar la Sagrada Familia porque era imposible garantizar la seguridad. De igual manera que no es «un problema de orden público» que se desarticulara un CDR que trajinaba con material explosivo para ejecutar planes terroristas y que, según han confesado sus integrantes, tenía hilo directo con el presidente de la Generalitat.

Es solo un «problema de orden público» que se atacase un helicóptero de los Mossos en vuelo, incidente reducido por la comprensiva prensa local a la categoría de «lanzamiento pirotécnico», como si fuera parte del jolgorio de la noche de San Juan.

Y, sobre todo, no parece un «problema de orden público» que sean precisamente las autoridades autonómicas las que animen a los desórdenes, no condenen la salvaje violencia de estos días y sigan amenazando con intentar otro golpe de Estado en cuanto este se descuide.

Porque lo que sí es un problema de envergadura es, como hacen Sánchez y Marlaska, confundir lo que está ocurriendo en Cataluña con un disturbio de orden público lo que tiene todas las trazas de una insurrección.

Álvaro Martinez ( ABC )