EL » PROCÉS » PIERDE HASTA LA CALLE

Médicos, profesores, estudiantes… hasta los bomberos. Una marea social se manifiesta estos días contra el gobierno de la Generalitat y su «política de recortes», hartos todos de una gestión calamitosa, alejada del interés real de los catalanes pues el «procés» ha fagocitado enteramente el tiempo dedicado al día a día de la sociedad. Conviene no olvidar que parte de esos colectivos fueron particularmente activos en la ofensiva independentista.

Son casi cuatro años de desatención por parte de una casta política que además de provocar una insólita y gravísima fractura social entre los catalanes, de descapitalizar su tejido económico y de dilapidar recursos millonarios en operaciones de propaganda separatista, ha incumplido el principal mandato que los ciudadanos encomiendan a quienes les gobiernan: mejorar su calidad de vida y poner los moldes para un mejor bienestar y un futuro de progreso.

Mas, Puigdemon y Torra -como cabecillas del movimiento separatista desde el Gobierno autonómico- y el resto de los políticos afines al «procés» han sido desleales con los catalanes y hoy tienen en las calles el producto de su irresponsable obcecación, de ese intento patético de intentar pasar a la historia como los héroes que liberaron al pueblo catalán «del yugo español», una especie de «padres fundacionales» de esa fantasmagórica república catalana.

¿Y que ha sido de Cataluña desde entonces? Pues que la región ha abandonado su histórica pujanza, que las empresas se van, que el crecimiento económico es menor allí, que ha aumentado el sectarismo, que ya no encabeza el PIB nacional, que merma a chorros la inversión extranjera, que la creación de empleo tiene menor ritmo que en el resto del país, es decir, que -vistas ayer las calles- los catalanes viven mucho peor desde que el nacionalismo decidió convertirse en «salvapatrias».

Esta es la última fractura de un fracaso sin matices que debe cesar ya si no se quiere condenar de por vida a los catalanes.

ABC