EL » PRUSÉS «, COMO EN ADIS ABEBA

No solo fue un intento de golpe de Estado, fue además un timo colosal. Como estamos comprobando estos días en ABC gracias al exhaustivo informe elaborado por el Tribunal de Cuentas, lo que ellos llaman «el prusés» en realidad fue un desfalco formidable de dinero público empleado para una causa fuera de la ley, circunstancia de la que estaban advertidos de largo los cabecillas del movimiento separatista.

Les dio igual. Cientos de millones de euros fueron destinados a la «cruzada», sobre todo fuera de España, donde es más fácil que les compraran el Vespino averiado, pero con cestita, que trataban de vender como una romántica Harley que viajaba hacia la «llibertat del poble catalá». Y se centraron en el extranjero no tanto porque el comprador fuera esencialmente más pardillo sino por su lógico desconocimiento de una realidad lejana.

Cómo calificar, sino como un fraude colosal, que, por ejemplo, 100.000 euros que debían ser para la Cooperación al Desarrollo en distintos lugares del mundo terminasen dedicados al «programa de acción exterior de la Generalitat». Propaganda pura y dura del «prusés».

Ya es cuestionable que teniendo a Cataluña manga por hombro y a la cuarta pregunta -según se traduce de su «España nos roba» y de que fuera la Generalitat la principal receptora de los préstamos del FLA- Puigdemont destinase dinero para combatir «el paro juvenil en los centros urbanos de Etiopía». Sobre todo teniendo un 27,8 por ciento de paro juvenil en Cataluña.

Pero es que además, según el Tribunal de Cuentas, ese dinero acabó finalmente en otros fines, lo que confirma que todo fue un tocomocho formidable, de tal forma que los chavales etíopes de los centros urbanos siguieron igual, tan mano sobre mano como la legión de jóvenes catalanes sin empleo.

Tan mal gestionada está Cataluña por la banda del lazo, tan desatendida de lo que de verdad importa a los catalanes (empleo, sanidad, seguridad, educación), que las imágenes del lamentable estado de las cocinas del Hospital Vall d’Hebron de Barcelona que ilustran estas páginas, valen para ejemplificar su disparatada obra. Cucarachas, alcantarillas que se embozan, material oxidado… en dependencias de uno de los principales centros sanitarios y de investigación de la región.

Denuncian los sindicatos que han retirado el pollo de las cenas; mejor sopa y tortilla, que sale más barato. Quizá se trate de que la cocina de un hospital «top» de esa flamante república catalana se parezca a la de cualquier sanatorio de Adis Abeba. «¡Catalunya, triomfant!» que cantaban los segadores.

Álvaro Martínez ( ABC )

viñeta de Linda Galmor