EL PSOE EN LOS TIEMPOS DEL PARIPÉ Y DE DARSE TONO

Me tomo la licencia de aludir a una de mis novelas favoritas, El amor en los tiempos del cólera, del nobel colombiano García Márquez, para sostener que el PSOE vive hoy “navegando” en los tiempos del paripé. Palabra ésta que utilizo en la primera acepción del Diccionario de la RAE “fingimiento, simulación o acto hipócrita”, y de la que también me vale la otra referencia que da el Diccionario hacer el paripé: “presumir, darse tono”. Y es que, como voy a tratar de demostrar, desde que ha llegado a la presidencia del gobierno por el atajo de la moción de censura, Pedro Sánchez y el PSOE están desarrollando una política de fingimiento y no dejan de presumir y darse tono, aunque acaben haciendo el ridículo.

Me voy a centrar en dos puntos: la llamada “política del diálogo” con los independentistas y las chorradas, necedades y tonterías con las que nos viene obsequiando constantemente la vicepresidente y portavoz del gobierno, cada vez que se da tono en un acto público.

En el primer aspecto, la llamada política del diálogo con los independentistas, que también podría denominarse de “bajada de pantalones”, un excelente artículo titulado “El maquinista de la General”, escribía ayer en la Voz de Galicia con su habitual maestría, Xosé Luis Barreiro: “Una comisión bilateral es, en lenguaje diplomático, una reunión entre iguales. Porque si se tratan asuntos que interesan a instituciones de naturaleza distinta, como es el caso que nos ocupa, la denominación correcta es la de comisión mixta, que es como bautizó nuestra Constitución a las comisiones de transferencias”. Es decir, se empieza a fingir hasta por el nombre: no es una comisión mixta, que es lo que fue, sino bilateral, que no lo era en absoluto.

Pero el fingimiento iba más allá del nombre de la Comisión. Había que fingir que se trata de una reunión de dos supuestos Estados, cuando en realidad la reunión lo era con uno, España, y un ente territorial subordinado, Cataluña. Pero también en esto había que simular, como aclaraba también el citado Barreiro, que añadía: “No me cabe ninguna duda de que la comisión bilateral que se reunió ayer, para tratar cuestiones que interesan al Estado español y a Cataluña, fue gestionada por Sánchez como si fuese una comisión mixta mal denominada.

Pero también sé con absoluta certeza que el Govern de Torra hubiese rechazado la reapertura de esta comisión si su denominación no fuese tan ambigua como lo es; si no se hubiesen introducido en el orden del día cosas y temas que un Estado solo puede negociar con otro Estado; si la reunión no se hubiese celebrado en Barcelona, donde Torra tiene preeminencia protocolaria y política sobre la ministra Batet; y si no se transmitiese la evidente sensación de que Cataluña ya cuenta, de facto y de jure, con una relación tan privilegiada con el Estado español que establece una diferencia esencial con el resto de las autonomías”.

Lo malo de esta política de fingimiento es que el que se humilla constantemente es el presidente del gobierno español y lo hace ante unos sujetos, presuntos delincuentes, que hacen que Sánchez se rebaje una y otra porque lo tienen cogido por los votos.

Lo de la vicepresidente es de vergüenza ajena. No contenta con la idiotez de proponer que la Constitución española se redacte de nuevo acogiendo el incorrecto leguaje inclusivo, Carmen Calvo en el acto de toma de posesión del director del Instituto Cervantes tuvo la ocurrencia de pedir igualdad en el Quijote con las siguientes palabras textuales “hay que proteger a don Alonso, pero también a Sancho, a Aldonza y a Dulcinea, porque no hay mejor cultura que la igualdad”.

Las idioteces de la vicepresidente son monumentales: ¿protegerlos de qué o de quien? ¿de gente ignorante como usted, que no sabe que la campesina Aldonza Lorenzo es el personaje ficticio Dulcinea del Toboso? ¿si no ha leído el Quijote no cree que es mejor guardar silencio? ¿nunca ha llegado a pensar que sus idioteces oficiales pueden avergonzar al país que representa cuando habla?

José Manel Otero Lastre ( ABC )

viñeta de Linda Galmor