EL PSOE PASA A MODO SILENCIO

Sánchez recuperó el poder en el PSOE después de su defenestración, aquella noche de octubre de 2016 cuando escondió la urna tras un biombo para que el puchero saliera a su gusto. Entonces el Comité Federal lo quitó por intentar lo que ahora ha hecho.

El presidente del Gobierno ya tenía el gobierno Frankenstein en la cabeza y entonces el viejo PSOE, la cultura socialista de toda la vida, se deshizo de él. Guillermo Fernández Vara salió escondido en el maletero de un coche después de expulsar a Sánchez porque «el PSOE se nos iba por el sumidero». Eran otros tiempos; ahora, con el monstruo compuesto con ministros de Podemos, el PSOE ha pasado a modo silencio. Como Iván Redondo

 con Torra, agachan la cabeza y creen en un diálogo con los separatistas de la mano de la legalidad, antes Constitución. A Susana Díaz le preguntaron antes de entrar en el Comité Federal si dentro se iban a escuchar críticas. Respuesta: «¿A qué?».

Cuando los silenciosos dirigentes socialistas se quieran dar cuenta, el Estado se habrá ido de Cataluña y también del País Vasco. Las nueces están a punto de recogerse en el cesto del separatismo. Al 78 le queda menos que a Guardiola en la Copa de Europa. El mercadeo con el independentismo -del que habla García Page solo los días impares- va a dar por bueno y legal ese supremacismo que a la alcaldesa de Vich le sale tan natural.

El nacionalismo de etnia y lengua va camino de aplastar a los que todavía no se han resignado. Si el Estado se marcha, será porque ya no se quiere saber nada de todos aquellos que ingenuamente resisten. En el País Vasco están mucho más avanzados. Sánchez les va a regalar la gestión de las pensiones que como Estado independiente nunca podrían pagar; les faltan 6.000 millones al año, los que ponen los españoles del Ebro para abajo.

El PSOE calla ante Sánchez. No les queda otra. A tragar con lo que manden Iglesias, Junqueras y Urkullu, partidarios del derribo del 78. Sánchez no tiene problema y compara su diálogo con la Transición. Ya tiene el relato y la red extendida para tapar el agujero.

Iglesias ha llegado al poder para quedarse y los separatistas, para trocearlo. Sánchez se está trabajando un par de legislaturas como mínimo. Los barones regionales del PSOE aceptan la disciplina y el dictado de Sánchez; pasan a modo silencio, que solo se escuche el ruido de Vox, la coartada perfecta para que el relato se sostenga cada vez que haya que acercarse a las urnas.

Juan Pablo Colmenarejo ( ABC )