«Mira, te seré sincero: el problema es que Pedro no es fiable. Con otro líder ni siquiera me habrías llamado porque su reacción del martes fue, en términos objetivos, absolutamente impecable. No entusiasta, si quieres, pero hizo una defensa de las instituciones contundente y sin ambigüedades. Sin embargo, su palabra es tan poco consistente que incluso cuando estás de acuerdo te deja una sensación inquietante.

Se llama falta de credibilidad: es como si todo lo que dijera se quedase colgando en el aire. Y claro, no convence a nadie, no sabes si es otra impostura más, otro de sus disfraces, un guión circunstancial para salir del trance. Te gustaría creerlo, pero ya conoces lo que ha ocurrido antes. La primera vez picas, la segunda dudas y a partir de la tercera ya eres tú el culpable de que te engañe».

«Por eso en este asunto de la Corona es esencial que haya personas de prestigio, en el partido o en la órbita de la izquierda, que reclame sentido de Estado. Primero, para hacer de contrapeso al empuje rupturista de los socios; luego, para conjurar el riesgo de que en las bases socialistas cunda la tentación de un arrebato de populismo republicano; y por último para evitar que la derecha se erija en defensora exclusiva del Rey y la cuestión derive, como en los años treinta, en un episodio más del enfrentamiento entre bandos.

Eso sería lo peor que podría ocurrir, atrapar a Felipe VI bajo un fuego cruzado. Personalmente he echado de menos, no una defensa de Juan Carlos, que en este momento resultaría algo contraproducente y antipático, pero sí de su legado. Lo tenemos relativamente fácil: que el PSOE se declare leal al pacto constitucional no debería ser nada raro.

Sin embargo pesa sobre la monarquía un antiguo resabio que hace a muchos les cueste trabajo. Y además, por falta de pedagogía política hay al menos una generación que ha comprado en todo o en parte el discurso podemita de que es una herencia de Franco, una reliquia incompatible con un sistema democrático».

«Ésta es una oportunidad para ver si queda algo de inteligencia orgánica, por un lado, y de sociedad civil por otro.

La confrontación ideológica y partidista no lo puede ocupar todo si no queremos avanzar hacia un nuevo fracaso histórico. Ocurre que el margen de los barones autonómicos es muy estrecho porque Sánchez ha laminado todo el ámbito de debate intermedio, y a los dirigentes de otra época nos han perdido el respeto; tienen que hablar los intelectuales, la gente de la universidad, de los medios, de la empresa, del Derecho.

Sin miedo a que nos tachen de viejos, seguros de lo que defendemos, que no es una legitimidad dinástica sino un mecanismo de estabilidad y un último espacio de encuentro. ¿Que si lo veo posible? Pues hombre, cada vez menos, pero me gustaría creer que estamos a tiempo.

¿Por qué vamos a remordernos de reivindicar una historia de éxito?».

Ignacio Camacho ( ABC )

viñeta de Linda Galmor