Impregnado de sospechas corporativas y políticas, el rescate financiero de Air Europa y Plus Ultra ha provocado la ralentización, cuando no la parálisis, del programa con que la SEPI debía salvar de la quiebra a las empresas estratégicas afectadas por la pandemia.

Tras dos años de trámites burocráticos, recelos políticos y asfixia empresarial, poco más de dos semanas le quedan a la sociedad estatal para resolver los expedientes pendientes, algunos en lista de espera desde hace más de un año, una demora que ha situado a gigantes como la siderúrgica Celsa o Abengoa al borde del precipicio, con un coste laboral del que prefiere no hablar el Gobierno.

Más de 5.000 millones de euros de los provisionados por la SEPI se quedarán sin repartir, y muchas son las grandes empresas, casi veinte, que con el agua al cuello aún esperan que en dos semanas se agilice un trabajo que empezó hace dos años.

La recuperación y la resiliencia suenan bien como eslogan y tapadera cuando la gestión conduce a la ruina.

ABC