EL REY ES EL GALLO DE LA LIBERTAD

Los separatistas necesitan siempre un abominable y, como tienen el presidente del Gobierno que ellos eligieron, se vuelven contra el Borbón. Felipe VI Doña Letiziapresidieron la inauguración de la temporada del Teatro Real y, al final de la representación, el escenógrafo y el figurinista exhibieron lazos amarillos. Así trasladan a la Corte el otoño del descontento, prólogo de la traca final del 3 de octubre con queimadas.

Hay también una campaña para la destrucción de Juan Carlos I, en la que no sólo intervienen los separatistas, sino los partidos que intentan derribar la democracia más larga y próspera de la historia. Como las transiciones son largas, Felipe VI debería aprovechar el retrato de su padre, que es el retrato de la España libre, y no esconderlo en el desván como algo ignominioso y nefando. Juan Carlos no sólo amó y cazó, como todos sus antecesores, sino que también abdicó, con su prestigio casi intacto, sobre todo fuera de nuestro país.

En la última España no hubo monárquicos, sino juancarlistas. Entre otras razones, porque ese Monarca es la imagen del consenso táctico, de la reconciliación nacional. La Corona fue algo más que un disfraz simbólico. Juan Carlos entregó el ejército de Franco a los españoles, que ganaron o perdieron la Guerra Civil, y se quedó con menos poderes que el rey de Suecia. Representó algo más que la distancia hierática. Cuando fue proclamado Rey, se convirtió en el primer soldado de la democracia. Por decirlo en palabras cervantinas, Juan Carlos ha sido el primer gallo de la libertad. Después ha llevado al mundo la noticia de una Monarquía al estilo de los países más avanzados de Europa.

Un dirigente obrero me recuerda que la única foto que tenía su padre, alcalde de un pueblo de Jaén, después de ser preso republicano, era la de Juan Carlos con él mismo. Este líder sindical, que apoyó a Pedro Sánchez, está seguro de que el actual presidente del Gobierno tiene claras dos cosas: que aplicará las medidas que sean necesarias para impedir la secesión de Cataluña y que se opondrá a cualquier intento de derribar la Monarquía parlamentaria. Añade el dirigente de UGT que el Rey hace mal en prescindir de la presencia de su padre en actos institucionales. «No se salva uno sin el otro. Quieren arrinconar la Corona como un trasto inservible porque es el símbolo de la unidad de España».

Las diadas de cacerolada, pancarta y camiseta de «Hagamos la república» se multiplicarán. Primero fue la campaña para desprestigiar al Emérito, un rey bastante republicano, apoyado por el PCE; ahora, van a por Felipe VI, que confirmó su cargo el día en que se enfrentó a los que quieren destruir este país.

Raúl del Pozo ( El Mundo )