El miércoles volvimos a vivir una jornada en el Parlamento en la que la vicepresidenta primera del Gobierno se negó una vez más a defender al Rey de los ataques de Batasuna y se empeñó en hablar de la jefatura del Estado para satisfacción -que no logro comprender- de varias bancadas parlamentarias.

Estamos viviendo una meticulosa labor de zapa, en la que los medios públicos y tantos otros no se refieren a Don Felipe como lo que es, sino como lo que podría ser cualquier otro en una república. Constantemente se le llama «el jefe del Estado», que es un título que en la historia de España sólo empleó Francisco Franco a partir de 1938, por encima de otros como «generalísimo», y que le copió en 1940 el mariscal Petain en Francia, el que pactó con Hitler.

El artículo 56.2 de nuestra Constitución establece con toda claridad que el título del jefe del Estado es «el de Rey de España y podrá utilizar los demás que correspondan a la Corona». Pero «jefe del Estado» no es un título de la Corona ni lo hay en España desde la muerte de Franco el 20 de noviembre de 1975. Y el artículo 57.1 de la Constitución establece que «la Corona de España es hereditaria en los sucesores de S.M. Don Juan Carlos I de Borbón, legítimo heredero de la dinastía histórica».

Es decir, ocupa la jefatura del Estado porque es el Rey. No es Rey porque ocupa esa jefatura. Y es Rey de España por pertenecer a una dinastía que de padres a hijos o nietos se remonta a Vermudo I de Cantabria en 789. Y sirva esto para recordar que es la única persona mencionada con su nombre y apellido en la vigente Constitución. Por lo que pueda valer (la Constitución).

Este afán por ir borrando a la Familia Real de todo ha llegado ahora incluso al Patrimonio Nacional, en el que se nombró presidente el pasado mes de febrero a una diputada autonómica del PSOE. Doña Llanos Castellanos acaba de actualizar la página web de Patrimonio y la cosa no tiene desperdicio. La ley 23/1982 «reguladora del Patrimonio Nacional» establece en su artículo 2 que los bienes del Patrimonio Nacional son los «afectados al uso y servicio del Rey y de los miembros de la Real Familia».

Así que yo hubiera pensado que lo lógico sería ilustrar la presentación de lo que es esa institución con una foto del Rey. Iluso. Se ilustra con una foto de doña Llanos con el Palacio Real detrás de ella. Sólo le falta decir: «¡Lo que me ha tocado!». Mientras que en el plan de actuación 2017-2021 de Patrimonio del Estado se hacen constantes referencias al Rey y la Familia Real, en la página web nunca se dice estar «al servicio del Rey y de la Familia Real».

En la explicación histórica que hace Castellanos de lo que es Patrimonio Nacional se habla también del servicio a la jefatura del Estado, que es una forma de no reconocer lo que dice el artículo antes citado: están al servicio de la Real Familia. Es decir, la Infanta Sofía podría en teoría instalarse a vivir en el Palacio de La Granja y la ley establece que el Patrimonio Nacional está para proveer esos servicios.

Pero se opta con toda intención por no mencionar a la Familia Real porque hay que equiparar lo más posible la figura del Rey con la de un presidente de república para ir facilitando un cambio cuando ellos consideren que «ya no queda más remedio» que hacerlo.

Así, se va haciendo una desvalorización del referente histórico que representa la Monarquía y se va transmitiendo a modo de «riego por goteo» que se limita a una jefatura del Estado que, circunstancialmente, es hereditaria. Sólo les falta apostillar de vez en cuando un «¡figúrense qué anomalía…!».

Ramón Pérez-Maura ( ABC )