EL REY Y LOS ENANOS

A estas alturas, la campaña emprendida por la banda del lazo contra el Rey ya se ha convertido en una psicopatología de difícil curación. Y lo peor es que su mal va a más, de manera galopante. El soberanismo parece tan fuera de sí que ahonda en su desesperada estrategia de intoxicación masiva a través de la distorsión total de la realidad. Sabíamos de su destreza para mentir sobre el pasado para, por ejemplo, convertir en «catalanes, catalanes» a Santa Teresa, Miguel de Cervantes, Cristóbal Colón o Erasmo de Róterdam, que hasta ese psicopático extremo se ha llegado en el entorno «cultural» del separatismo.

Ahora se trata de demostrar la misma soltura en el embuste con la actualidad de por medio, con la espuma de estos días, y por ello los separatistas, esos que apoyan a Pedro Sánchez en el Congreso, quieren investigar en el Parlament el presunto papel de Don Felipe en la fuga masiva de empresas de Cataluña, unas 4.000, que han salido corriendo tras la declaración unilateral de independencia realizada por Puigdemont poco antes de abandonar el país camino de Bélgica en un maletero y al grito de «tonto el último».

Consciente de su enorme fracaso y del irremediable colapso del llamado «procés», los actuales cabecillas del invento tratan ahora de endosar a Don Felipe la responsabilidad en la ruina de Cataluña que ellos mismos han propiciado. Es la versión personalizada del «España nos roba» que manejan los mismos tipos que se quedaban con el 3 por ciento del dinero de los catalanes, los hijos putativos del patriota Pujol y de la «madre superiora de la congregación» que llevaban «los misales» verdes a Andorra. Igual que para TV3 los forajidos de Waterloo son «exiliados políticos», en el colmo de la desvergüenza la banda del lazo trata de culpabilizar al Rey de esa espantada empresarial.

Y así lo hacen porque saben que la Corona es viga maestra de la nación y adhesivo esencial de la unidad de España según consta en la Constitución que los españoles acordaron concederse hace ahora 40 años, con el voto masivo y aquiescente de los catalanes, por cierto. Y porque saben que el Rey siempre está en lo de todos mientras ellos están solo a lo suyo.

Neutralizada la combatibidad del Gobierno contra el «procés» con la presencia de su aliado parlamentario en La Moncloa, el objetivo es Don Felipe. Demasiado Rey para gente tan mínima, para esos enanos morales, esos extraños «valientes» que salen corriendo cuando la cosa se pone fea.

Álvaro Martínez ( ABC )