Algo muy oscuro ocurrió con la decisión que permitió meses atrás la excarcelación del acusado de haber asesinado a Álex, el niño de nueve años de la localidad riojana de Lardero.

Así lo consideran los sindicatos mayoritarios de prisiones, que ayer sostuvieron públicamente que el homicida nunca mereció el tercer grado y, menos aún, la libertad condicional.

El dictamen de los funcionarios de la Junta de Tratamiento era negativo, no había un pronóstico cierto de resinserción, y no estaba preparado para vivir en libertad.

Muy al contrario, el riesgo de reincidencia persistía. Sin embargo, la secretaría general de Instituciones Penitenciarias hizo caso omiso.

El trágico resultado ya se conoce y el daño de semejante error es irreversible.

Algo falla en nuestro sistema cuando, ante tantas dudas sobre un asesino, se le permite vivir en sociedad sin merecerlo y sin ser sometido siquiera a una vigilancia controlada, medida que permite la ley durante diez años. Interior no puede lanzar más balones fuera.

ABC