EL SALTO DE LA RANA DE SÁNCHEZ

Cuando el lunes Sánchez se valía de su altura de gastador del Ejército para erigirse en mástil de la bandera de España, tras cuatro años de ahorrarse la denominación del país que preside para no incomodar a sus socios de correrías, no había por menos que rememorar los cien años de honradez.

Tras fomentar la confusión sobre el concepto de nación -«Vamos a ver, Pedro, ¿sabes lo que es una nación?», le espetó Patxi López-, auspiciar la España plurinacional a la boliviana en el que incluso Madrid sería una nación, o de alcanzar La Moncloa merced a una moción de censura Frankenstein con quienes no ocultan su objetivo de finiquitarla, Sánchez se envuelve en su enseña y saca pecho con su Ahora, Gobierno; ahora, España que ha provocado la denuncia por plagio de la Fundación Francisco Franco.

Durante la presentación, no se le cayó de la boca la palabra España, que repetía como una advocación a cada frase que pronunciaba. Volvía el término España a los carteles socialistas cuando no lo hacía desde 2004. Empero, atendiendo a sus tornadizas posiciones, convendría añadirle, evocando la maldad de Tamames, a ese «Ahora, España», un «… Y mañana, ya veremos».

Por eso, con Sánchez, quien personifica la coherencia de la incoherencia, fiarse hoy es engañarse mañana, como acredita este cuatrienio en el que ha sido un factor de inestabilidad, aunque se ofrezca como valor estable frente a la marejada política y económica.

Francisco Rosell ( El Mundo )