EL SECRETO DE PEDRO SÁNCHEZ

No puedo ocultar que estoy verdaderamente emocionado. Desde que he sabido que tenemos secretos de Estado e información clasificada me siento como cuando el cómico Jimmy Kimmel entrevistó a Barack Obama, y le confesó que si le nombraban presidente, en cuanto levantara la mano de la Biblia saldría corriendo a mirar los papeles del Área 51.

Los españoles, gracias a Pedro Sánchez, ya tenemos algo que mirar, el concierto de The Killers en el Festival Internacional de Benicàssim. El Gobierno ha contestado a Servimedia que con todo el dolor de su corazón no puede cumplir por razones de seguridad la Ley de Transparencia, y a mí no para de trabajarme la cabeza sobre qué ha podido ocurrir en ese concierto para que no podamos saber quiénes eran los acompañantes del presidente, el gasto del vuelo y los motivos de la apertura en exclusiva del aeropuerto de Castellón.

Ahora me arrepiento de haber sido uno de esos tipos que se habían descojonado con las fotos de Sánchez con gafas de sol a lo Men in Black en el Falcon, como si no pudiera en ese momento estar tratando de frenar una saga Jason Bourne de asesinos desmemoriados creados por el Gobierno en algún lugar que no fuera Antena 3.

También había ayudado que hasta ahora nuestra lista de secretos oficiales era un desastre. Cuando Leopoldo Calvo-Sotelo miró en la caja fuerte qué le había dejado en herencia presidencial Adolfo Suárez, no había nada. Cuando miró Aznar la de Felipe González encontró un papel con la contraseña de la caja fuerte.

Una vez la presentadora Ellen DeGeneres le plantó a Obama una niña de seis años para que le preguntara sobre los alienígenas, y la respuesta del presidente dio alas a los conspiranoicos. “Aún no hemos hecho realidad el contacto”, respondió. No olvidemos que Sánchez ha dicho en más de una ocasión que esta era una legislatura para el “diálogo sin exclusiones”, pero hemos caído en el error de creer que estaba hablando de Cataluña, menospreciando sin ningún miramiento las capacidades del líder socialista.

O si no de qué iba a nombrar de ministro a un astronauta. Está claro que este país ha entrado en un tiempo nuevo, y es mejor que nos acostumbremos cuanto antes a la información clasificada, a las puertas que se abren con retina y a los maletines con códigos de seguridad. No es que Pedro Sánchez evite dar ruedas de prensa con preguntas. Simplemente quiere ahorrarse la incomodidad de estar todo el rato contestándole al periodista que “si te lo dijera tendría que matarte”.

Ricardo F. Colmenero ( ElMundo )