EL SEPARATISMO SE ROMPE

El Parlamento de Cataluña volvió a celebrar ayer un pleno delirante y surrealista, en el que ERC aceptó la decisión del Tribunal Supremo de retirar el acta de diputado autonómico a Joaquim Torra, y en el que se evidenció de modo tan explícito la fractura interna en el independentismo que la legislatura quedó herida de muerte.

Antes del pleno, el propio Torra había amenazado con convocar elecciones si ERC ninguneaba a JpC y le forzaba a abandonar su escaño, y eso fue exactamente lo que hizo el partido que dirige Oriol Junqueras desde prisión. De este modo, un pleno inicialmente orientado a aprobar los presupuestos del Parlament quedó reducido a una virulenta escenificación de la ruptura entre Esquerra y el partido de Torra y Carles Puigdemont.

Por mucho que ERC mantenga que Torra debe seguir siendo el legítimo presidente de la Generalitat, lo cierto es que el separatismo se ha roto, y que el miedo escénico de Roger Torrent, presidente del Parlament, a desobedecer a los Tribunales,y las facturas políticas y personales que penden entre Junqueras y Puigdemont han condenado a Torra a la irrelevancia más absoluta.

Necesariamente, a partir de ahora ambos partidos mantendrán estrategias opuestas: JpC como testaferro reivindicativo del separatismo más radical y partidario de la vía unilateral para declarar la independencia, y ERC como el nuevo socio preferente del PSC y de Podemos en busca de un «tripartito» a la catalana que les permita pervertir la Constitución para celebrar una consulta «legal» que Pedro Sánchez ya ha garantizado públicamente.

Sin embargo, la tensión en las calles es imprevisible, una vez que los dos partidos mayoritarios del independentismo dan por rota su alianza del último lustro. Ni Torra, ni Junqueras, ni Puigdemont ni Pedro Sánchez tienen ya control sobre nada de lo que pueda ocurrir en Cataluña.

En cualquier caso, el sistema no está de enhorabuena pese a que nadie en el Parlament se haya atrevido a desobedecer a la Junta Electoral Central y al Tribunal Supremo. Torra debe dejar de ser presidente autonómico de modo inmediato porque permitir que siga ocupando su despacho en la Generalitat sin tener legitimidad para ello es una burla a la legalidad.

Lo lamentable no es que su propio partido y ERC le den cobertura como jefe del Ejecutivo, sino que Pedro Sánchez y sus ministros sigan adulándolo para que esté presente en la «mesa de negociación» que La Moncloa ha acordado en secreto y a oscuras, mintiendo a la opinión pública.

Sánchez pretende dar cariz de normalidad democrática a lo que no es sino una anomalía basada en una rebeldía sistemática a las leyes y en una desobediencia delictiva a los Tribunales. Con razón Ciudadanos tildó ayer de «delincuente» a Torra. Lo humillante es que no lo haga Sánchez.

ABC

viñeta de Linda Galmor