EL ” SÍ ” DE LAS NIÑAS

De la escasa dramaturgia de Moratín sólo cómicos de la legua conservarán memoria de «El sí de las niñas», hija de las Ilustración, el racionalismo y preámbulo del feminismo español, defensora del derecho femenino a casarse con quien las pluviera aun contra el patriarcado. Afortunadamente nadie pide la exhumación de Fernando VII, el Rey Felón, contumaz en su traición a los españoles, y aquella desdicha nacional arrojó la Inquisición contra Moratín prohibiendo la representación, éxito teatral del XIX que demuestra que nuestros decimonónicos no eran tan reaccionarios ni misóginos como se supone.

Los años de las flores, la exaltación de las drogas, el amor libre, dieron equívocos en los campus y la UCLA editó un folleto sobre cómo proceder los chicos: preguntabas si la podías desabrochar el primer botón de la blusa y, recibido el «sí», procedías a inquirir lo mismo sobre el segundo botón, y así, por escalones, en un suero contra la lujuria hasta que el rijoso, con la líbido por los zapatos, corría a entrenar rugby dejando a la pobre calentada y sin visita.

Elevar a la jurisprudencia un explícito y audible «sí» es un disparate que sólo se le podía ocurrir a Carmen Calvo. La vicepresidenta es lista, catedrática de Derecho Constitucional, pero proclive a tener ideas de bombero de aquellos antañosos que derribaban la casa encendida.

Se recuerda cómo a la sazón ministra de Cultura con Rodríguez Zapatero afirmó que el dinero público no era de nadie y su política de subvenciones al cine produjo películas de una exhibición, justo para que los productores corrieran a poner el cazo y luego la ovacionaran en los Goya. Judicializando el «sí» o el «no» de las muchachas llegaremos a la coyunda olfateando si la fémina huele a alcohol o marihuana y con un notario y dos secretarias ante la cama para testificar el correcto desarrollo del acto. Apela la vice a leyes nórdicas ignorando que Dinamarca, Finlandia y Suecia ocupan el podium de la violencia de género europea y que en 2016 fueron asesinadas por machos 44 suecas.

La número dos vuelve a expresar su pensamiento confuso, profuso, difuso y obtuso. Y por añadidura pretende asesinar el epiceno.

Martín Prieto ( La Razón )